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De la columna "Desde el café"
JAVIER DUARTE SUPERSTAR
Por: Bernardo Gutiérrez Parra

Toda una celebridad el tipo /
2017-04-18  
21:39

No cabe duda que Javier Duarte se ha convertido en un fenómeno mediático digno de un rock star. Las redes sociales están saturadas con su nombre, la prensa escrita y los noticieros televisivos lo llevan como nota principal, y cuatro de cada cinco columnistas lo han mencionado en sus columnas. 


Toda una celebridad el tipo. 


Y es que el crimen vende a montones y Javier Duarte es un criminal. 


Porque criminal es robar 34 mil millones de pesos del erario; criminal es haber dejado sin protección a los más jodidos; criminal es haber creado empresas fantasma que le permitieron esquilmar millones de pesos que no eran de él; criminal es haber aumentado en casi medio millón el número de miserables durante su sexenio; criminal es haber hecho caso omiso al reclamo de miles de madres que le exigieron la aparición de sus hijos levantados, secuestrados y asesinados. 


Criminal es haber dejado al estado ahogado en una deuda impagable y sumido en la inseguridad más patética. 


Tras su captura, Javier Duarte se convirtió en un Superstar del que todo mundo quiere saber y de quien todos hablan.


Algo así como Mark Chapman, que de ser un pinche don nadie, saltó a la fama al asesinar a John Lennon. 


Y es que eso era Javier Duarte antes de ser gobernador de Veracruz, un don nadie que cargaba el portafolio de su jefe y aguantaba sin chistar sus malos humores. 


Por años, este joven aprendiz de político soportó humillaciones, burlas, menosprecios e hirientes puyas de su patrón el gobernador, que premió ese servilismo nombrándolo sucesor al trono. 


Y ahí comenzó otra historia. 


El servilismo se trocó en soberbia y en una desmedida ambición por el dinero que lo llevaron a ganarse los títulos de truhan, ratero, ladrón y corrupto. 


Bajo su administración (es un decir) comenzaron a faltar los insumos para el campo, las medicinas en los hospitales, las becas para los estudiantes, los apoyos para los más pobres, las pensiones de los jubilados y hasta lo recaudado en las colectas de la Cruz Roja. 


Con ese dinero compró ranchos, mansiones, terrenos y joyas. 


Su voracidad no conoció límites y su fama de corrupto creció hasta traspasar las fronteras del estado y luego de la nación. Tan es así que diarios como El País de España, lo llevaron como nota principal de su portada horas después de su detención.  


Javier Duarte no puede negar su fama, muy mala fama pero fama al fin. Decir Duarte es decir ladrón y el duartismo pasará a la historia como sinónimo de latrocinio, corrupción,  muerte e inseguridad. 


Es evidente que este sujeto no deseaba ese tipo de notoriedad, pero el crimen no proporciona otra. Y Javier Duarte es un criminal. 


Ahora sólo falta que la justicia haga su parte y JDO pague con cárcel sus delitos y devuelva a los veracruzanos lo que les robó. 


¿Y qué tal si sale libre bajo fianza? Aguas con eso.


Un tipo como Javier no merece andar por las calles porque su sola presencia gangrena a México y a los mexicanos. 

 
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