En la opinión de:
Ángel Lara Platas
 

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Planes ambientales con humos
2016-04-18

Pareciera que insistir en la contaminación ambiental de la zona metropolitana de la gran capital, es porque no hay otros temas de mayor interés. Pues efectivamente, el asunto de la contaminación es de alta prioridad porque se trata de la salud de millones de personas, que se encuentran atrapadas dentro de las imaginarias paredes de la Ciudad de México y la Zona Metropolitana, sin poder salir de la polución simple y sencillamente porque no tienen a la mano la posibilidad de subsistir en otra ciudad. 


Todo comienza en 1989 cuando las autoridades deciden enfrentar el problema de la contaminación ambiental, con una medida que lejos de resolver el problema, a la vuelta de los pocos años lo agravó. En ese momento, se tomó la decisión de aplicar un programa que consistía en la restricción de la circulación a la quinta parte del parque vehicular del Distrito Federal y algunos municipios del Estado de México, por un día de la semana de acuerdo al último número de la placa vehicular expedida por el gobierno capitalino. Se consideró aplicar el programa durante la temporada de invierno y cuando las inversiones térmicas incrementaban la concentración de contaminantes en la atmósfera del Valle de México.


De hecho, el programa no estaba mal pensado. Se consideraron los hábitos y las costumbres de los dueños de los vehículos particulares, pero no se reparó en la cultura. Nunca pensaron que quienes con esfuerzo adquirían un vehículo nuevo, por estatus no comprarían otro usado y barato para moverse en los días de restricción. Sin embargo, cuando el programa entra en operación, la gran mayoría hace un esfuerzo mayor para comprarse un auto “viejito” lo que, por consecuencia, incrementa el parque vehicular de la zona metropolitana.


Solo los primeros meses  pareció que el programa sería todo un éxito. Luego, con más vehículos circulando por las calles de la ciudad de México y lugares circundantes, la contaminación se empezó a disparar en la medida que la gente acomodaba sus economías para hacerse de más vehículos automotores. Esta medida se aplica pero no se soluciona la problemática del transporte público; es decir, el plan no era integral, era parcial. Hubo quienes advirtieron de lo que podía ocurrir a los que han conducido los destinos de la ciudad, pero, el falso orgullo  y la vergüenza de reconocer que el programa podría ser un fracaso, el programa siguió rodando. Desde entonces, la gente ha cambiado un auto nuevo por dos o tres carcachas.


Durante el tiempo que ha permanecido el programa “Hoy no circula” no se han dado reportes comparativos del consumo de gasolina, que finalmente es lo que importa: el combustible es el que contamina, no los autos. Tampoco se sabe, en cifras, la afectación de la salud de las personas por la contaminación por combustibles. Tampoco se ha dado a conocer la estadística comparativa del número de afectados por las partículas contaminantes de acuerdo a las restricciones en la circulación de vehículos. El asunto se agrava cuando las autoridades, que deberían predicar con el ejemplo, no lo hacen. El parque vehicular correspondiente a los camiones de la basura, que han contribuido grandemente a la contaminación, no se ha renovado ni se han cuidado los mecanismos de contaminación de estos vehículos.


Otra de las medidas que no han tenido los resultados esperados, es el programa de las foto multas así sostengan lo contrario las propias autoridades de la Ciudad de México. Las velocidades ahora impuestas en las calles y avenidas de la ciudad, como no están sustentadas en estudios serios de movilidad, lejos de contribuir a la solución del problema provocan más contaminación por que, en primera, no reduce el flujo de vehículos en circulación, luego, frenar y acelerar a cada momento para ajustarse a las velocidades señaladas, queman más combustible que si fueran a paso regular.


Tampoco se ha dicho nada de la calidad de la gasolina que se consume en México. No se tiene el dato  si nuestra gasolina contamina más que la del país vecino y, de ser así, qué se requiere para homogeneizarla.  Tampoco se sabe si los franquiciatarios que pronto expenderán gasolina en nuestro país, traigan mejores gasolinas que las de acá. 


Pareciera que el programa emergente para enfrentar la terrible contaminación ambiental, donde hace muchos años tuviera los cielos más transparentes del mundo, no existe rumbo ni coordinación.


Para tan grave decisión, el gobierno de la ciudad no convocó a expertos en movilidad, a peritos en salud, a cámaras del transporte y líderes transportistas. Tampoco llamaron a los gasolineros ni a representantes sociales. Se fueron solos.


La desesperada medida, puede traer consecuencias funestas para la vida misma de la capital del País y municipios conurbados.


Quienes tienen la responsabilidad del tema, tienen que pensar no solo en medidas radicales como la actual. Deben voltear hacia mejores tecnologías, con fuentes alternas menos contaminantes como la electricidad, por ejemplo.

 
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