En la opinión de:
Francisco Berlín Valenzuela
 

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La oratoria y las campañas electorales. Perte I
2018-01-29

Los analistas políticos han venido señalando el fenómeno de desideologización que se está produciendo en varios países en las organizaciones partidistas, al estarse alejando sus dirigentes de los principios y doctrinas que constituyen su plataforma ideológica. Es un hecho que se ha venido presentando “no como un proceso natural sino consciente”, reduciendo la política “a una cuestión comunicativa y publicitaria”. Muy bien puede afirmarse hoy en día que se han relativizado las ideas y los partidos se han vuelto pragmáticos en sus propósitos centrales de alcanzar el poder.


    México no es ajeno a esta tendencia y la práctica política está conduciendo a sus partidos a las alianzas y coaliciones más extrañas que antes eran impensables. Así, dentro del espectro político la ciudadanía está contemplando en el proceso electoral que se está llevando a cabo para las elecciones del primero de Julio, que partidos considerados de derecha, se unen a otros de izquierda o de centro, para luchar conjuntamente por la presidencia de la República, las gubernaturas de las entidades federativas, las presidencias municipales y las diputaciones federales y senadurías para integrar el congreso de la unión.


    En estas condiciones, quienes participen como oradores en las campañas políticas próximas a iniciarse, empezando por los candidatos y los dirigentes de los partidos, se van a enfrentar al problema de la orientación ideológica de sus discursos, en virtud de que los partidos que los apoyen han sacrificado las ideas que les dieron origen, para hacer posible las alianzas electorales.


    Por eso, es oportuno reflexionar sobre la importancia de la oratoria en las campañas políticas y sobre los temas que puedan interesar a los electores en las nuevas formas de actuar de los partidos.


    En principio, considero que dentro de la clasificación de la oratoria podemos distinguir tres géneros -entre otros- como son: político o parlamentario, forense o judicial y sagrado o religioso. El género que interesa destacar en esta conferencia es el que se refiere a los discursos pronunciados ante un senado, congreso o asamblea pública sobre asuntos de gobierno, extendiendo lo político a cuando concierne al mejoramiento de las condiciones de vida de un pueblo.


    El cultivo de la oratoria política, requiere desde luego que el orador posea una vasta preparación y sólida cultura, debiendo seguir el consejo del gran tribuno José Muñoz Cota, a quien tuve la distinción de tener como maestro, cuando al dirigirse a un joven orador lo incita a frecuentar a los hacedores de la palabra tanto los del pasado como los del presente, al leer no libro si no bibliotecas, a velar todas las noches las armas del idioma, para salir airosamente por los campos del saber, para vivir en un estado de conciencia clara y definida sobre su visión política en la vida.


    Deben los oradores conocer la historia nacional y universal por constituir lecciones que son siempre fuente fecunda de experiencias; adentrarse en las complejidades de las ciencias sociales políticas y económicas para señalar los rumbos a seguir por su audiencia; interiorizarse en sus tradiciones, formas de pensar, tendencias, requerimientos y aspiraciones de los habitantes de su país todo lo cual constituye una necesidad impostergable que ningún orador político debe soslayar si realmente quiere contribuir a mejorar las instituciones de su país.


    La oratoria política tiene especiales características que la distinguen de los otros dos géneros mencionados, pues el que sube a una tribuna para discernir de los asuntos de gobierno, carece del apoyo que, por ejemplo, tiene el orador religioso, cuyo soporte es más consistente ya que descansa en la fe de sus oyentes, la autoridad de los dogmas indiscutibles y la actitud respetuosa de su auditorio por el lugar sagrado en que se encuentra. Por lo que toca al practicante de la oratoria forense o judicial, su sostén se encuentra en la existencia de un orden normativo que debe ser observado, estando las leyes en un nivel superior a los jueces y “que bien expuestas y aplicadas no dejen lugar apenas a la controversia, si no que arrastran los votos y determinan el fallo”.


    La oratoria política, en cambio, se practica en asambleas que generalmente todo lo ponen en duda, aun las más cristalinas evidencias debido a los intereses encontrados y a las variadas ambiciones que están en juego en las luchas por el poder. Así, observamos que los parlamentos y auditorios políticos resultan ser, según expresara Campillo y Correa ”campos de batalla donde en vez de tratarse de ajustar nuestra conducta a ciertas doctrinas y leyes establecidas ya de antemano, se fundan y sancionan de nuevo para que sirvan de norma en lo sucesivo”.


    Las adversas circunstancias, que en muchas ocasiones tiene que enfrentar el orador político por la actitud escéptica de sus oyentes o la escasa autoridad que sobre ellos tiene, presionan su conducta para producirse realmente con verdad, honradez y talento, a fin de lograr producir la influencia que desea en sus oyentes, situación está que hacía decir al orador francés Mirabeau “El corazón no puede ser puro mientras los labios mienten”.


    Tanto en los tiempos pasados como en los actuales, el género de oratoria política encuentra en los partidos políticos su cauce natural por ser estas organizaciones los medios a través de los cuales se explican y proyectan las cuestiones del poder, de las luchas para conquistarlo y de la vida misma del Estado. Por lo tanto, obliga al estudioso de las ciencias sociales y políticas a comprender cabalmente su origen, naturaleza, estructura, sistemas en que se encausan, el número de partidos existentes y su relación con los regímenes políticos.


    Su noción conceptual nos conduce a considerarlos como formaciones sociales integradas por un vínculo sociológico y un fin político, explicándose el primero en razón de los miembros que lo forman, los cuales dan lugar a una existencia objetiva independiente; y el segundo, por el fin político que persiguen que fundamentalmente está constituido por la conquista del poder para ejercer el gobierno y desde ahí poner en práctica el programa y la doctrina que constituye su razón de ser, aunque justo es reconocer, que esto último se ha relativizado debido al proceso de desideologización que está caracterizando en la actualidad a la mayor parte de estas organizaciones políticas, preocupadas fundamentalmente por la conquista del poder.   


    Muchas son las definiciones que sobre los partidos políticos se han venido elaborando dentro de la creciente bibliografía que existen en todos los países, observándose que en la mayor parte de ellas se encuentran los elementos sociológicos y políticos mencionados. Así, el sociólogo sudamericano Alfredo Poviña escribió hace mucho tiempo que ellos son: “agrupaciones permanentes y organizadas de ciudadanos que, mediante la conquista legal del poder público, se proponen realizar en la dirección del Estado un determinado programa político y social”.


En esta definición se encuentran los elementos fundamentales que explican la naturaleza y función de los partidos: a) agrupación política de ciudadanos organizados de forma permanente; b) conquista legal del poder público como un medio y, c) realización de un programa político- social como una finalidad.


Es de observarse, que, en cuanto al número de estas organizaciones políticas, pueden ser clasificadas como: sistemas bipartidistas, pluripartidistas, de partido único y de partido dominante.


    Nuestro país durante mucho tiempo tuvo un sistema considerado como de partido dominante o hegemónico, que duro hasta el año 2000, en que por primera vez, una organización política diferente a la que había venido manteniendo el poder durante 71 años lo sustituyó en la Presidencia de la República. Fue así como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), dejo de ser el partido dominante al ser sustituido por el Partido Acción Nacional (PAN), que ocupó el mencionado cargo durante dos sexenios continuos del año 2000 al 2012.


    Dentro de este panorama pluripartidista, que ha sido propiciado por las diversas reformas políticas que fueron sufriendo nuestras leyes electorales, se llega a la contienda electoral del año en curso, en la que participan diversas fuerzas políticas que son: Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI); Partido de la Revolución Democrática (PRD); Partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA); Partido Movimiento Ciudadano; Partido Verde Ecologista de México (PVEM); Partido Nueva Alianza (PANAL); Partido del Trabajo (PT); Partido Encuentro Social (PES).


    Estos partidos se han coaligado en tres fuerzas políticas para participar en el proceso electoral que tendrá verificativo el 1 de julio, integrando tres alianzas conformadas por: “México al Frente” con el candidato Ricardo Anaya Cortés, integrada por PAN, PRD y MC; MORENA, PT y PES, con el candidato Manuel López Obrador y, PRI, PVEM y PANAL con el candidato José Antonio Meade Kuribreña.


    El cuadro anterior se complementará con los candidatos independientes que logren reunir los requisitos exigidos en las leyes de la materia, para que puedan figurar en la boleta electoral, que según parece, por el número de registro de firmas obtenidas, que se encuentran en proceso de validación serán: Jaime Rodríguez Calderón, Margarita Zavala y Armando Ríos Piter.

 
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