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LOS GOBIERNOS CAMBIAN; LOS INTERESES PERMANECEN
La diplomacia no tiene amigos; tiene intereses. Hay fotografías que duran un día. Hay otras que explican toda una etapa política. Lo difícil es cuándo y dónde ver la diferencia
Por: Francisco Licona
2026-07-20 - 11:49:11 /

LOS GOBIERNOS CAMBIAN; LOS INTERESES PERMANECEN /

La imagen de la presidenta Claudia Sheinbaum asistiendo a la final del Mundial 2026 como invitada de Donald Trump, provocó reacciones encontradas. Para unos fue un gesto de debilidad; para otros, una obligación diplomática. Ambos argumentos tienen algo de razón.


Sin embargo, quizá el debate importante no sea ese y por ello desata una pregunta más clara y duradera: ¿puede un jefe de Estado darse el lujo de romper el diálogo con el principal socio comercial de su país?


La respuesta, guste o no, suele ser negativa. Las relaciones internacionales rara vez se construyen entre amigos, se construyen entre gobiernos que defienden intereses, incluso cuando existen diferencias profundas.


Y, como se sabe, las diferencias entre México y USA sobran y no son de hoy, sino históricas y actuales como migración, aranceles, seguridad fronteriza, combate al narcotráfico, revisión del T-MEC y protección de los mexicanos en territorio estadounidense, forman parte de una agenda que difícilmente puede atenderse desde la distancia o mediante comunicados.



Por lo mismo debió asistir el primer ministro canadiense, Mark Carney. Canadá tampoco vive un momento sencillo con Washington. Sin embargo, entendió que la diplomacia no consiste en premiar simpatías personales, sino en mantener abiertos los canales de negociación.


Sobre todo, que era la imagen ante el mundo que lucha por los mercados con los tres países organizadores del mundial y como bloque comercial más grande del orbe debía mostrarse así. 


Donald Trump, además, entiende mejor que pocos el poder político de los símbolos. Convirtió una final deportiva en un escenario diplomático. Y obligó a sus dos principales socios comerciales a decidir entre asistir o convertir la ausencia en otro frente de confrontación.


Desde luego que habrá quienes hubieran preferido un desaire. Pero en política exterior un desplante puede generar aplausos internos pero también costos internacionales muy altos.


Los Estados no negocian afectos, negocian intereses y eso Sheinbaum pareció entenderlo muy bien. 


Así que mientras Estados Unidos siga siendo el principal destino de las exportaciones mexicanas y el país donde viven millones de connacionales, cualquier presidente mexicano —sea del partido que sea— tendrá que sentarse frente al ocupante de la Casa Blanca.


Eso explica por qué, en ocasiones, gobernar obliga a los funcionarios a tomar decisiones que un candidato probablemente no tomaría.


No por cortesía, por la responsabilidad de un principio permanente de la política exterior.


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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES")

 
 
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