Fácil sería confrontar a la CFE, lo difícil es colocarla como parte de la solución.
Hay noticias que parecen pequeñas hasta que se miran con calma. Notas como la del periodista Irineo Pérez Melo, y las declaraciones de Jorge Morales Barradas, secretario general y vocero del Movimiento de Resistencia Civil “La Leyenda de Chucho El Roto” (https://politicaaldia.com/movil/resumen.php?id=89982), sacan a flote algo que no debiera verse como algo coyuntural y menos ideológico; porque el problema del calor, el crecimiento del consumo eléctrico y la necesidad de modernizar la red no van a desaparecer.
Es un hecho que vecinos de comunidades de Actopan, Úrsulo Galván y Alto Lucero, hacen cooperachas para comprar transformadores porque los existentes ya no soportan la demanda eléctrica. Eso es un hecho, y aunque algunos lo verán como una anécdota, en realidad es un aviso que obliga a ir más allá. Obliga a un diagnóstico y soluciones que no necesariamente caminen hacia las privatizaciones a ultranza, sino a la modernización aprovechando fuentes de energía más económicas.
Durante años México aprendió a ahorrar electricidad. Cambiamos focos incandescentes por lámparas ahorradoras, luego por tecnología LED; se promovió el ahorro de energía y, en buena medida, funcionó.
Pero el país cambió.
Hoy una vivienda consume mucho más electricidad que hace veinte años. Hay más refrigeradores, más computadoras, más bombas de agua, más aparatos electrónicos y, sobre todo, muchos más equipos de aire acondicionado.
Para algunos el calor apenas empieza, pero lo cierto es que hace rato nos hace daño: las temperaturas extremas ya no son una excepción. Se están convirtiendo en la nueva normalidad.
Por eso el problema ya no parece ser únicamente cuánto cuesta producir electricidad, sino que el verdadero reto es que la infraestructura crezca al mismo ritmo que la demanda.
Cuando los transformadores comienzan a resultar insuficientes y son los propios ciudadanos quienes terminan comprándolos, la señal merece atención.
No se trata de buscar culpables. Se trata de entender que quizá el modelo necesita evolucionar. Hace años la gran política pública fue ahorrar energía. Quizá ahora la siguiente etapa deba ser producirla en masa en los propios hogares.
¿Por qué no pensar en un programa nacional que permita a las familias instalar paneles solares mediante financiamiento accesible, pagadero incluso a través del propio recibo de la CFE? Sería una inversión para todos: la Comisión Federal de Electricidad reduciría presión sobre la red en las horas de mayor consumo y las familias pagarían menos, mientras que el país aprovecharía uno de los recursos que más tiene: el sol, sobre todo en Veracruz.
¿Le parece una solución descabellada? Pocos lo hacen ya, pero lo hacen con cargo a sus bolsillos, pero eso suena más razonable que esperar a que los ciudadanos sigan organizando ‘cooperachas’ o ‘vaquitas’ para comprar transformadores.
Porque cuando la sociedad comienza a resolver problemas que corresponden a la infraestructura pública, quizá la verdadera noticia no sea el transformador, sino que el sistema ya empezó a mandar señales de que necesita modernizarse.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |