| Astrolabio Político. |
| Morena: la purga del poder |
| Por: Luis Ramírez Baqueiro. 2026-04-22 |
“Grave es el peso de la propia conciencia”. – Marco Tulio Cicerón. La política, como la naturaleza, aborrece los vacíos de poder. Y en Morena, ese principio parece estar operando con precisión quirúrgica. Los movimientos que se perfilan en la dirigencia nacional —la eventual salida de Luisa María Alcalde, la llegada de Ariadna Montiel, el relevo de Andrés Manuel López Beltrán por Estela Damián— no son simples ajustes administrativos: son señales claras de una reconfiguración del poder bajo la lógica de la presidenta Claudia Sheinbaum. Quien piense que se trata de relevos naturales o de desgaste interno se queda corto. Lo que está en juego es el control del aparato partidista de cara a la elección intermedia, ese momento crítico donde se mide la verdadera capacidad de un gobierno para sostener su proyecto. Y en ese tablero, Sheinbaum parece decidida a no dejar cabos sueltos. La posible salida de Alcalde no es menor. Representa, en los hechos, el desplazamiento de una figura cercana al obradorismo más puro. Lo mismo ocurre con López Beltrán, cuya presencia en la estructura partidista simbolizaba una continuidad directa con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Su relevo por perfiles más alineados con la presidenta sugiere algo más que una transición: apunta a un deslinde calculado. No se trata de ruptura abierta, pero sí de un distanciamiento funcional. Sheinbaum necesita construir su propio andamiaje político, uno que responda a sus tiempos, prioridades y estilo de gobierno. En política, la lealtad no siempre es heredable, y menos cuando el poder cambia de manos. Este reacomodo tendrá efectos directos en los estados, y Veracruz no será la excepción. En la entidad, el liderazgo de Esteban Ramírez Zepeta ha sido objeto de críticas internas y externas. Sus detractores —muchos de ellos más interesados en cuotas que en resultados— ya presionan por su salida, bajo el argumento de una supuesta falta de operación política. Sin embargo, lo que se observa en territorio es otra cosa. Zepeta ha optado por una estrategia de desgaste territorial: recorrer, sumar, aceitar la maquinaria. No es un liderazgo mediático, pero sí operativo. Y en elecciones intermedias, eso suele pesar más que el ruido de las élites. La pregunta clave es si el nuevo control nacional permitirá o no la continuidad de ese esquema. Si Sheinbaum decide centralizar aún más las decisiones, los liderazgos locales podrían verse subordinados a una lógica más vertical. Pero también podría optar por mantener a quienes, como Zepeta, ya conocen el terreno y han construido estructuras funcionales. Del otro lado, la oposición en Veracruz parece atrapada en su propia narrativa. Más enfocada en descalificar que en proponer, ha hecho de la estridencia su principal herramienta. Sin músculo real, pero con una notable capacidad para fabricar escándalos, apuesta a la confusión como estrategia. El riesgo para Morena no está en esa oposición fragmentada, sino en sus propias tensiones internas. Porque si algo ha demostrado la historia reciente es que los movimientos más peligrosos no vienen de fuera, sino desde dentro. La elección intermedia será, en ese sentido, un termómetro no solo del respaldo ciudadano, sino de la capacidad de Sheinbaum para consolidar su liderazgo sin fracturar el movimiento que la llevó al poder. Y en ese delicado equilibrio, cada nombramiento cuenta. Al tiempo. astrolabiopoliticomx@gmail.com “X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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