Política al día.

Construir, más allá de amontonar ladrillos
Por: Atticuss Licona H.
2026-07-10

Pese a que Jorge Sosa Zamudio, responsable de la urbanización de las Casas del Bienestar en la zona norte del Puerto de Veracruz, salió muy quitado de la pena a descartar daños estructurales tras los recientes aguaceros, lo cierto es que el sospechosismo sobre la calidad en las obras de la 4T sigue más vivo que nunca.


Se puede comprar el argumento de que un proyecto inconcluso tenga problemas de logística y que una camionada de escombro mal puesta desvíe el agua hacia donde no debe. Pasándole la báscula a la explicación, se le puede dar el beneficio de la duda; un accidente lo tiene cualquiera.


Sin embargo, el verdadero problema es que la percepción ciudadana ya se cimentó, y la vox pópuli dice que los constructores de la transformación tienen manos de estómago. En lo nacional, los botones de muestra sobran y saltan a la vista: el descarrilamiento en el Istmo, los dolores de cabeza crónicos en el Tren Maya o los remiendos eternos en los accesos al AIFA.


Y si nos venimos a lo local, el sexenio pasado presumió mucho cemento en comunidades aisladas, pero las obras insignia de las zonas urbanas quedaron a deber de forma monumental. Tan solo hay que asomarse a Xalapa, la caja de resonancia del estado, para ver esos dos puentes de la avenida Lázaro Cárdenas: quedaron a medias, con trazos alterados, pendientes de miedo, funcionales a chaleco pero estéticamente dan lástima. ¿O qué decir de los elefantes blancos que devoraron más de dos mil millones de pesos y que hoy siguen sin estrenarse? Ahí están como ejemplos la Arena Macuiltépetl en la capital o la remodelación del estadio Luis "Pirata" Fuente en Boca del Río, que sabrá Dios para cuándo se usarán. Para cuando se decidan a usarlos, hasta las varillas estarán oxidadas. 


Por eso, ahora que la gobernadora Rocío Nahle anda anunciando carretadas de obras en su gestión, la pregunta obligada es: ¿qué tal lo van a hacer?


La utilidad no tiene por qué estar peleada con el buen gusto. 


Viene en camino el Puente El Sotavento, y la duda es si quedará nomás "pasable" o aprovecharán para entregar algo digno. Si le van a meter 100 pesos a un proyecto, ¿qué les cuesta meterle otros 5 pesitos en la estética para que quede chulo de bonito? Que sea algo que dé orgullo presumir y no una plancha de concreto gris que deprima al pasar.


Por amor a Veracruz, el desafío ya no debe ser solo amontonar ladrillos, sino superar la prueba de la calidad y la belleza. De hecho, es de aplaudir que la gobernadora le esté metiendo “feeling” al Palacio de Gobierno y al Centro Histórico de Xalapa. 


Más allá de los "opositodo”, que ya salieron a respingar por el gasto, se agradece la remodelación integral de un edificio histórico. Bien pudieron haberle puesto linóleo barato en vez de mármol, o haber chacualeado las paredes con resistol y pintura chafa de la económica, pero Rocío decidió hacerlo bien, y eso se reconoce.


La moneda está en el aire: ¿qué tipo de obra pública nos va a heredar este gobierno? ¿Proyectos bien hechos y estéticos, o de esos que medio sirven, construidos al puro bananazo? 


El reto de la 4T veracruzana está en demostrar que saben gobernar y construir, para quitarle por fin la maldición a esa idea de que obra que tocan, obra que descomponen.


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