Salvador pone bajo reflector a Adrián “El Chino” Ávila, Luis Carbonell, Elena Córdova y hasta al entorno de José Manuel del Río Virgen, retratando cómo algunas suplencias dejaron de ser un simple trámite para convertirse en operación política con dieta incluida.
La columna no acusa delitos, pero sí exhibe una práctica que convierte espacios de representación en cuotas administradas por turnos.
Además, el ingenio de Salvador no pasa por alto el veneno político: “Se irá un Chino… pero qué tal si entra una China”.
Pero no le contamos más, mejor lo invitamos a leer a Salvador Muñoz, que trae más pólvora que licencia legislativa, en su columna completa aquí. |