Del otro lado quedó colocado Carlos Slim Helú, quien en su conferencia anual hizo prácticamente lo contrario: defendió el panorama económico mexicano, respaldó decisiones del gobierno y anunció nuevas inversiones millonarias en el país.
Y ahí es donde empieza la especulación política en los cafés; porque más allá de las diferencias empresariales, el contraste de posturas hizo que muchos se preguntaran si Slim simplemente habló como inversionista o si también leyó el nuevo clima político que comienza a construirse desde Palacio Nacional.
Sobre todo, porque Slim conoce perfectamente algo que pocos desconocen: que en México la relación entre poder político, concesiones, regulación y grandes negocios nunca ha sido un asunto menor.
Raymundo recuerda en su columna cómo tanto Slim como Salinas Pliego crecieron exponencialmente a partir de las grandes concesiones del periodo salinista y cómo ambos navegaron cómodamente durante gobiernos del PRI, PAN e incluso parte de la 4T.
Pero hoy los escenarios parecen distintos. Mientras Salinas Pliego mantiene un choque frontal con el aparato político y fiscal del Estado, Slim aparece enviando señales de estabilidad, confianza y colaboración económica.
Y quizá ahí estuvo la verdadera jugada fina; porque en política, a veces el empresario más poderoso no es el que más confronta… sino el que mejor entiende cuándo conviene bajar el tono. Pero cómo se ha dicho aquí, la magia está en los detalles y los argumentos, así que le conviene leer la columna completa aquí: https://www.politicaaldia.com/movil/vercolumna.php?id=125876
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