Los sabios bebedores del café, comentaban esta mañana la polémica que se ha armado por las contrataciones a Sabina Berman para una conferencia en Xalapa, así como de Diego Ruzzarín y Farid Dieck en el Festival del Mar en Coatzacoalcos, y llegaron a la conclusión que el diferendo es más de forma que de fondo.
La crítica (que siempre hay, hágase lo que se haga) se ha centrado en el costo de las contrataciones: poco más de 200 mil pesos a Sabina Berman, y alrededor de 864 mil pesos por los ponentes en el Festival del Mar.
Sin embargo, las flechas apuntan mal, comentaban los sabios bebedores del mejor aromático del mundo.
La información, para empezar, salió de los portales de transparencia y se trata de un acuerdo comercial, formal y fiscalizado.
Que a algunos no les guste el contenido, es otra cosa, comentaban… que piensen que cobraron caro, habría que determinar si están por encima de sus tarifas normales… que señalan que en lugar de ellos se debieron contratar personajes locales, tal vez ni enterados están que también se contrata a los locales… que mientras hay otras necesidades no se debe gastar en eso, parecen no entender que los presupuestos etiquetados no se pueden mover de un rubro a otro nomás a contentillo.

En la mesa comentaban lo que apuntó el periodista Pablo Jair Ortega cuando señala que antes, en la verdadera opacidad, se pasaban de humo situaciones desastrosas:
Escándalos históricos: La compra de toallas de 400 dólares para Los Pinos en el sexenio de Vicente Fox.
Maletines y desvíos: La famosa maleta con 25 millones de pesos en efectivo confiscada a funcionarios de Sefiplan en Toluca durante el sexenio de Javier Duarte, o los millonarios desvíos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2014.
Ahora, gracias a los mecanismos de transparencia en contrataciones recientes y a la fiscalización actual, se dieron a conocer de manera pública los pagos antes mencionados.
Dichas contrataciones son para promoción de la cultura, guste o no.
Actividades como las de los Jueves Culturales en la Plaza Lerdo promueven la cultura y también se les paga a los artistas locales que participan. Festivales como el Motofest Tecolutla 2026, que logró en la zona una ocupación hotelera del 100 por ciento, también son cultura.
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Así que, el que haya muchos que tengan una visión limitada de lo que es la “cultura”, o que los espectáculos no estén sujetos a los patrones de “su cultura”, es otra cosa muy diferente.
En fin, todos tienen derecho a disentir y en cultura, como en otros aspectos, en gustos se rompen géneros.
Si para el siguiente año, por esos azares del destino, a la Secretaría de Cultura le llegan a bajar el presupuesto, ya verá usted el grito en el cielo que pondrán los mismos que hoy critican que en ello se invierta. |