Y, aquí, por ningún lado se ve sinceridad. Es decir, Trump está hablando distinto de México justo cuando necesita votos y, al mismo tiempo, está ofreciendo dinero a los estadounidenses si los republicanos conservan el Congreso.
No se debería vender como “Trump ya cambió con México”. Eso sería comprarle demasiado rápido y barato su discurso. Lo que penetra entre los mexicanos es otro sentir. No confundirse: cuando Trump suaviza el tono, también está haciendo política interna estadounidense.
La lectura desde México debe ser clara: Trump no está haciendo diplomacia; está haciendo política y México, Sheinbaum y Marcelo Ebrard deben aprovechar cualquier tono amable y defender el T-MEC, sí. Pero sin ingenuidades: las palabras de Trump pueden cambiar según la frontera, la negociación; o la urna.
Cuando un presidente ofrece 5 mil dólares por conservar el Congreso y simultáneamente reparte abrazos comerciales al vecino, ya no estamos ante simples declaraciones. Estamos viendo cómo la política electoral de Estados Unidos se mete de lleno en la relación con México. Y México no puede responder con aplausos: debe responder con estrategia, dignidad y memoria. |