
La historia, sin embargo, hoy empieza a cambiar. Mientras muchos siguen viendo a Veracruz y sus vetas de oro en el turismo, petróleo o política, los números del Instituto Nacional de Estadística y Geografía revelan algo que pocos están leyendo con atención: el sector industrial veracruzano ya empezó a crecer con fuerza.
De acuerdo con el Indicador Mensual de la Actividad Industrial por Entidad Federativa, Veracruz registró un crecimiento anual de 6.3 por ciento, colocándose entre los Estados con mayor dinamismo industrial del país.
Dicho dinamismo no se da por casualidad:
Minería: +18.2%
Energía, agua y gas: +5.7%
Construcción: +5.0%
Manufactura: +2.0%
La explicación tampoco es un misterio. El crecimiento del Puerto de Veracruz, la expansión de Tuxpan, el movimiento del Corredor Interoceánico y la nueva lógica comercial internacional empiezan a colocar nuevamente al Estado en el mapa estratégico.

Es decir: Veracruz dejó de ser solo punto de paso y empieza a convertirse en plataforma industrial y logística.
El problema ahora es otro. Mientras Veracruz comienza a despegar, parte del aparato económico gubernamental sigue atrapado en la pequeña grilla política y no termina de vender ni proyectar el potencial industrial que hoy tiene Veracruz.
Y ahí está quizá el reto real del gobierno actual: entender que el crecimiento industrial no se administra con inercias burocráticas, sino con visión, promoción y operadores que sepan atraer inversión.
Una cosa es que Veracruz tenga potencial y otra muy distinta aprovecharlo antes de que otros Estados vuelvan a quedarse con la oportunidad.
Lo de la Volkswagen y Puebla debe servirle a Veracruz para no tropezar nuevamente con la misma piedra.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |