Ni el dato, ni la forma en que lo dijo, son menores: porque una cosa es el debate político y otra muy distinta lo que hace el dinero cuando decide quedarse, crecer o reinvertirse.
Slim también respaldó varios puntos de la estrategia económica de la presidenta Claudia Sheinbaum, particularmente el impulso a la infraestructura, la simplificación de trámites y el control inflacionario mediante subsidios a combustibles, algo que incluso muchos de sus adversarios pocas veces reconocen y quizá hasta para el pueblo ha pasado desapercibido.
Y sobre la inseguridad, el empresario prácticamente desactivó el dramatismo político: no la colocó como obstáculo central para invertir en el país, justo cuando México viene de registrar cifras históricas de Inversión Extranjera Directa.
Pero no todo fue aplauso. Porque entre los mensajes de confianza dejó una frase que seguramente no cayó bien en algunos escritorios del sector energético nacional: “Falta que Pemex produzca más”.
Y ahí estuvo quizá el verdadero dardo. Porque mientras Slim desmontó buena parte de la narrativa del desastre económico, también dejó claro que el gran pendiente estructural sigue siendo la capacidad productiva del Estado mexicano en materia energética.
En política y economía pocas veces pesan tanto las palabras como cuando las pronuncia alguien que tiene miles de millones invertidos apostando por el país.
Porque guste o no, cuando Slim habla de confianza o desconfianza en México, los mercados, inversionistas y actores políticos escuchan.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |