La pregunta de fondo es si esa popularidad y reconocimiento internacional alcanzarán para sostener la fuerza electoral de Morena rumbo a 2027 y posteriormente hacia 2030. Porque una cosa es la aprobación ciudadana y otra muy distinta la movilización efectiva de votantes en las urnas.
Del otro lado del tablero aparece Donald Trump. Sigue siendo el político más poderoso de Estados Unidos, pero gobierna en medio de una sociedad profundamente polarizada, presiones económicas, conflictos internacionales y crecientes tensiones dentro de su propio entorno político.
Analistas estadounidenses advierten que los próximos procesos electorales serán una prueba crucial para medir la verdadera fortaleza del trumpismo, especialmente ante el desgaste natural del ejercicio del poder y un escenario internacional cada vez más incierto.
Por eso el contraste resulta interesante: mientras Sheinbaum vive uno de sus mejores momentos políticos y de imagen pública, Trump enfrenta el desafío de conservar la cohesión de un proyecto sometido a fuertes presiones internas y externas.
La política suele ser caprichosa y los escenarios cambian rápido. Pero hoy, al menos en términos de percepción pública y reconocimiento internacional, el viento parece soplar a favor de Claudia Sheinbaum.
Y en política, cuando el viento sopla a favor, lo importante no es disfrutarlo... sino saber aprovecharlo.
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