Entonces, ¿por qué ahora?
La pista apunta a la demanda internacional por contaminación ambiental contra SpaceX, por la caída de desechos peligrosos en costas de Tamaulipas tras lanzamientos desde Texas. Un caso serio, con leyes internacionales de por medio y posibles multas multimillonarias.
Ahí sí duele.
Ahí sí hay dinero, reputación y futuro en juego.
Más aún cuando la relación Musk–Trump está fracturada. Sin padrino político fuerte, los tribunales internacionales se vuelven terreno peligroso para el magnate.
¿Reacción visceral o presión preventiva?
¿Desahogo mediático o estrategia de intimidación?
Lo cierto es que cuando Musk ataca, no lo hace gratis.
Y esta vez, todo indica que el golpe viene porque el expediente ambiental sí le quita el sueño.
Sin embargo, no faltarán los que quieran llevar agua a sus molinos políticos tanto de los partidos aliados en el poder y de la oposición. Pero quizá no haga falta, pues bastará con que Sheimbaum apriete y lleve el caso a tribunales ambientales internacionales que le darán la razón puesto que pruebas las hay y muchas.
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