Porque el pueblo no solo abreva de cualquier manantial; también lee, recuerda y compara.
Y cuando ve que se protege a personajes señalados en escándalos como Segalmex, o que en Veracruz siguen flotando observaciones por presuntos nuevos saqueos sin castigo ejemplar, la culpa deja de ser exclusiva del ayer y empieza a compartirse con el hoy.
La memoria también alcanza para recordar cómo un país petrolero pasó años sin construir una sola refinería, cómo se abandonaron las existentes y cómo se dejaron caer plantas estratégicas (como las de fertilizantes), cuyas consecuencias hoy pegan directo al bolsillo de productores y consumidores de alimentos.
Por eso no se trata de vivir en el pasado, sino de evitar que el presente repita sus vicios con otros colores.
El pueblo puede entender la herencia; lo que parece ya no estar dispuesto a tolerar es la impunidad reciclada ni la justicia selectiva.
Y si la justicia no alcanza ni a los de antes, ni a los de ahora, la factura política llegará en las boletas, porque se equivocan quienes aún piensan que los programas sociales de asignación universal garantizan votos automáticos.
Porque puede ser que eso, tampoco alcance.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |