Donald Trump tiene un frente político abierto en casa y otro cada vez más complicado en Medio Oriente, y ambos se cruzan en un punto sensible: el precio del petróleo. Entre esos dos frentes hay otro: México. ¿Qué pasará?
Ormuz, los hutíes y Trump: tensión sobre el suministro de petróleo
Irán está endureciendo sus tácticas contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz, mientras los hutíes de Yemen intensifican ataques contra objetivos saudíes. El resultado: más tensión sobre el suministro energético y temor a nuevas alzas del crudo.
Todo sucede ante los ojos de Trump, pero él ha preferido priorizar ganar el Congreso. En sus discursos acusa a los hutíes de intentar encarecer el petróleo para perjudicarlo antes de las elecciones legislativas de noviembre. ¿Es una estrategia para golpearlo políticamente? Esa es la acusación del presidente estadounidense. Lo cierto es que la inestabilidad regional ya presiona al mercado petrolero. Trump movió un avispero que pocos saben cómo calmar, mientras otros ya ven catástrofes para las economías y la política mundial.
Cuando el petróleo escasea, la factura y su ola de precios no se quedan en Medio Oriente: llegan a las gasolineras y a las urnas estadounidenses… y Trump lo sabe.
¿Cómo afecta a México? Ocho refinerías, pero todavía importa gasolinas
¿Este panorama afecta a México? Sin duda, y aunque la narrativa contraria al Gobierno actual se niegue a reconocerlo, hay que tomar en cuenta el enorme esfuerzo mexicano para llegar a ocho refinerías en condiciones de procesar su petróleo. El conteo oficial incluye las seis refinerías históricas rescatadas y modernizadas, la nueva de Dos Bocas y Deer Park, en Texas.
Con todo, México aún no es autosuficiente en gasolinas. Según datos de Pemex a agosto de 2026, el país importó alrededor de 292 mil barriles diarios de gasolinas y 72 mil de diésel. Las refinerías ayudan a reducir la dependencia, pero queda camino por recorrer.
México tiene una ventaja: produce petróleo y cuenta con infraestructura para refinarlo. Sin embargo, si se encarece el crudo internacional o escasean los combustibles en el mercado estadounidense, esa presión puede llegar también al país. Además, una refinería necesita mantenimiento, insumos, energía, transporte y operar con eficiencia para entregar el producto esperado.
La capacidad instalada no es lo mismo que la producción efectiva. Jugarle al mago en cuestiones económicas, y sobre todo en el mercado de los energéticos, no es lo más recomendable. No es un juego de azar, ni apologismo, ni narrativa negativa a ultranza.
La prueba de la soberanía energética
El panorama deja más preguntas que respuestas: ¿las nuevas refinerías y las coquizadoras reducirán lo suficiente las importaciones para amortiguar una crisis petrolera, o seguiremos expuestos al precio internacional aunque procesemos más petróleo en casa?
Esa será la prueba de la soberanía energética: no basta con tener las instalaciones, hay que lograr que produzcan los combustibles que México necesita, a costos competitivos y con continuidad.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |