Como era punto menos que imposible construir las máquinas en el tiempo estipulado por el señor presidente, se reciclaron dos ferrocarriles abandonados en unos andenes de Puebla. Estos ferrocarriles se compraron en tiempos en que Rafael Moreno Valle gobernó esa entidad y quiso (sin lograrlo) hacer un tren entre Puebla y Cholula.
El Interoceánico se hizo con rapidez, improvisación, negligencia, nepotismo presidencial y toneladas de corrupción.
Como las constructoras serias le dijeron al presidente que no era posible acabar el trabajo antes de que terminara su mandato, éste encargó la chamba a la Marina, tan experta en hacer barcos como neófita en la construcción de trenes. Pero con una ventaja para Andrés Manuel: un militar o un marino jamás dicen no a una orden presidencial.
Y órale.
Desde el inicio de la obra, la Auditoría Superior de la Federación advirtió sobre irregularidades como las condiciones peligrosas en el tramo donde ocurrió el descarrilamiento: curvas y pendientes pronunciadas e inestabilidad topográfica, pero la ignoraron.
Otra peligrosa irregularidad fue el balastro de mala calidad que se usó para soportar los durmientes, las vías y el ferrocarril. Además, hay kilómetros de durmientes viejos y podridos que nunca fueron cambiados. Pero nada de eso detuvo la construcción porque había que terminarla antes de que se fuera el señor presidente.
Los ingenieros de la Marina informaban sobre los avances a un supervisor con una dilatada experiencia en la construcción de trenes y vías, que para buena fortuna de la República prestó sus servicios como “Honorífico”, es decir, sin percibir ni un peso (y con lo que cobran esos cuates). Este buen samaritano responde al nombre de Gonzalo López Beltrán y casualmente es hijo del señor López Obrador que fue el que le dio la chamba.
El trabajo de Gonzalo en el papel, era supervisar técnica y administrativamente la obra asegurando que se apegara a planos y normas de calidad, controlar tiempos y presupuestos, gestionar la seguridad, coordinar equipos y llevar la bitácora de obra para garantizar un proyecto exitoso. Pero en la práctica, se dedicó a engrosar su ya de por sí gruesa cuenta bancaria, principalmente con
el balastro que le surtió al Tren su amigo Almícar Olán, un chico emprendedor que se hizo multimillonario en el sexenio anterior.
Gonzalo hizo tan mal su trabajo que el Tren se descarriló (como se descarriló el Tren Maya donde también metió las narices), pero nadie lo ha llamado para que responda por la tragedia. Y si lo llaman será para exonerarlo. Por eso digo que la culpa recaerá sobre maquinista, pero si éste se defiende bien el responsable será un perno. como ocurrió en la Línea 12 del Metro.
En fin lector, mientras las víctimas sufren sin que ninguna autoridad las apoye, Gonzalo “El Bobby” López Beltrán, que al igual que sus hermanos mayores apesta a conflicto de intereses, latrocinio, corrupción e impunidad, disfruta de la gloria de ser un hijo de quien es... un hijo de su papá. bernagup28@gmail.com |