Política al día.
Atticuss Licona H.
 

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La estadística avanza, la percepción no
2026-01-09

Al gobierno, a casi cualquier gobierno y en casi cualquier época, lo que más le ha faltado es credibilidad. Y esa carencia explica por qué las cifras oficiales de inseguridad, aun cuando muestran una tendencia a la baja, no logran empatar con la percepción ciudadana.


El caso paradigmático es el de los homicidios. El dato oficial es eso: un dato duro, frío, aséptico. Un número que se presenta sin contexto, sin historia y sin rostro. La estadística no explica las condiciones, solo las contabiliza.


La percepción de inseguridad, en cambio, juega en otra cancha. Depende de qué tan cerca o tan lejos esté el ciudadano del delito, de la ciudad que habite, de la colonia que transite, e incluso del medio de comunicación que consuma. La percepción, por definición, es subjetiva y personal. No se decreta ni se corrige con comunicados.


Dicho lo anterior, hay un hecho difícil de negar: quien haya seguido los conteos diarios de homicidios en los últimos años sabe que este delito ha disminuido de manera significativa en México.


Durante mucho tiempo, los noticieros de radio abrían cada mañana con el mismo parte de guerra: más de 80 asesinatos diarios. “Hoy es un día trágico para México”, advertían los conductores, y no exageraban.


En el actual sexenio, esa cifra comenzó a descender. De promedios de 80 se pasó a 70, luego a 60, después a 50, y hoy no es extraño que el número ronde los cuarenta y tantos homicidios diarios.


¿Siguen siendo muchos? Sin duda. ¿México sigue siendo un país peligroso? También. ¿Es una tragedia cotidiana? Por supuesto. Solo cuando la cifra llegue a cero se podrá hablar de satisfacción plena.


Aun así, los noticieros mantienen el mismo tono de alarma, y hacen bien. En seguridad no hay espacio para el triunfalismo ni para bajar la guardia. La meta no es “mejorar”, sino homologarse con los países que viven en relativa paz.


No se trata de aplaudirle al gobierno. Para eso no fue electo. Pero tampoco se trata de negar los resultados cuando los números, oficiales y no oficiales, apuntan en la misma dirección.


La oposición insiste en que se maquilla la estadística y que se insulta la inteligencia del ciudadano. Sin embargo, los conteos alternos, que históricamente han sido más altos que los oficiales, también muestran una baja casi proporcional.


El problema, entonces, no es solo de resultados, sino de confianza. Y ahí está el verdadero reto de la 4T: recuperar la credibilidad perdida. Porque en política, los datos sin certeza pesan poco, y los logros sin confianza simplemente no convencen.


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