En Morena saben que hay debates… pero también saben que hay decisiones que no se discuten cuando se habla del proyecto político que encabeza Sheinbaum. Por eso, más de uno dentro del movimiento levantó la ceja. Especialmente quienes conocen cómo se mueve el poder en Morena y entienden que el problema no se limita a los jaloneos locales ni a las tensiones con la gobernadora Rocío Nahle. Ese tipo de decisiones –dicen– se analizan en otra mesa. Una mesa mucho más arriba.
Para quienes han seguido la carrera política de González Naveda, el episodio tampoco resulta sorpresivo. Su llegada a la política veracruzana fue, digamos, sorpresiva.
Pero cuando llegó a Veracruz, nadie sabía realmente quién era. Lo único que se comentaba era que venía de trabajar con el entonces senador plurinominal del PT por Oaxaca, Benjamín Robles, hoy también diputado federal y compañero de curul de Naveda.
Antes de aterrizar en San Lázaro, fue director regional de Programas para el Bienestar en Coatepec, al lado de Manuel Huerta Ladrón de Guevara, posición desde la cual construyó la plataforma que lo llevó a convertirse en candidato a diputado federal por la coalición Morena-PT.
Naveda llegó vendiendo un mensaje: traía la bendición… y era “el bueno” para la diputación local del distrito 12. Y en política, cuando alguien llega diciendo que trae bendición… siempre hay quien se arrodilla.
Así fue como consiguió el respaldo del grupo de Nacho Luna, de Casa Morena, hoy presidente municipal de Coatepec, en una jugada interna contra Raymundo Andrade, quien al final terminaría siendo candidato a diputado local… y ganando la elección.
La alianza entre Naveda y Nacho Luna duró lo que duran muchas alianzas en política:
hasta que llegaron las ambiciones personales.
Pero más allá de sus maniobras políticas, el paso de Naveda por la delegación regional de Bienestar dejó una estela de señalamientos.
Trabajadores hablaron de aviadores, presuntas obras fantasma, presión a servidores de la nación y amenazas a quienes se negaban a seguir instrucciones.
Entre las prácticas más comentadas dentro de la propia estructura se mencionaba la llamada “rasurada” de sueldos a servidores de la nación.
De acuerdo con testimonios internos, estas operaciones se realizaban con el apoyo de su asistente Arturo Robles Domínguez, quien —según trabajadores— llamaba, presionaba y amenazaba al personal para facilitar la entrada de empresas cercanas al legislador en proyectos de construcción de escuelas y clínicas.
En ese esquema también aparecen nombres de arquitectos y constructoras de confianza, operados a través de profesionistas de la región.
Entre ellos, Pastor Castelán y René Rodríguez Martínez, señalados como responsables de obras levantadas bajo el programa La Escuela es Nuestra.
Padres de familia aseguran que algunas de esas construcciones ya presentan deterioro pese al poco tiempo de haberse terminado.
Por ello, varios comités escolares analizan integrar un expediente con evidencias para presentar denuncias ante la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía General de la República.
Las polémicas tampoco han sido exclusivamente administrativas.
En mayo de 2025, el equipo jurídico del priista Vinicio Ascencio Fernández presentó una denuncia por daño moral contra Naveda.
Y si faltaba algo para confirmar el tamaño de la inconformidad que genera su figura, basta recordar lo ocurrido recientemente dentro del Partido del Trabajo.
Durante la sesión del Consejo Estatal del PT, militantes reventaron el encuentro para protestar contra lo que consideraron una imposición en Elizabeth Morales García y el propio Adrián González Naveda en la llamada “planilla de unidad” que pretende renovar la dirigencia del partido. Los gritos quedaron registrados en video: “¡Fuera Naveda!”. La molestia era evidente. Un militante lo resumió con una pregunta que resonó en el salón:
“¿Cómo es posible que nos quieran imponer como dirigente estatal del PT a un diputado federal de apellido Naveda, a quien la propia militancia ni siquiera conoce?”
Pero quienes sí conocen la forma de operar del senador Manuel Huerta saben que su estilo político no siempre pasa por las bases… sino por las cúpulas. Y ahí es donde Naveda encuentra refugio.
No es secreto que el diputado es considerado un operador cercano al grupo de Huerta. Y mientras todo eso ocurre, Naveda decide votar contra la reforma electoral de la Presidenta. Un movimiento que en Morena ya se interpreta de una sola forma: traición política.
Porque el diputado llegó al Congreso gracias a los votos de Morena, pero ahora, desde la bancada del PT, vota contra el proyecto de la mandataria. Una jugada que algunos dentro del movimiento consideran simple ambición política… y otros interpretan como algo peor: deslealtad. Porque una cosa es criticar… otra cosa es disentir… y otra muy distinta es morder la mano que te llevó a San Lázaro.
Así que mientras Naveda intenta abrirse paso entre las estructuras del PT bajo las protecciones de su padrino político, en Morena ya tomaron nota.
Y cuando el poder toma nota, los expedientes empiezan a abrirse. Porque en política hay traiciones que se olvidan. Y hay otras que se cobran. |