“El buen juez por su casa empieza”, reza el refrán, pero aquí la congruencia brilla por su ausencia.
Sin duda, hay excesos en los presupuestos de los Congresos que deben transparentarse. El pueblo debería saber dónde recortar, empezando por los descuentos por faltas o la eliminación de gastos superfluos como los salones de belleza internos. Sin embargo, la austeridad republicana no puede aplicarse a ciegas. Hay formas de ahorrar que no pasan por el machetazo presupuestal, sino por el ejercicio responsable y honesto, vigilando, por ejemplo, que el dinero de la obra pública no se dilapide en sobrecostos.
Debemos entenderlo claro: el recorte en salud no es ahorro, es un crimen; el recorte a la educación no es austeridad, es un atentado contra las siguientes generaciones.
En este escenario surge la duda: ¿La revocación de mandato no es también un gasto innecesario que debiera pasar por el filtro de la austeridad? Tal vez no lo han considerado. O quizás olvidan que la revocación es una herramienta ciudadana para cuando no se está satisfecho con el gobernante. Si se presume que la Presidenta tiene un 80% de aceptación, ¿qué sentido tiene el gasto?, salvo que ese "Plan B" esconda un "Plan C" como verdadero motivo de todo.
Habrá que recordarles el mantra de “no mentir, no robar y no traicionar”. Y que mejor nos hablen derecho para saber, de una vez por todas, “a qué le tiras cuando sueñas mexicano”. Porque en este río revuelto, dirán ahora “los verdes y los del pt” que efectivamente los cocodrilos vuelan... pero bajito. Porka Miseria |