Figuras y figurones.
Francisco Licona.
 

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Quien olvida, tropieza dos veces
2026-04-15

Esta mañana en los cafés de la capital veracruzana, los sabios bebedores del mejor aromático del mundo coincidieron en que ya les cansa escuchar que en la 4T se siga culpando solo al pasado de los males del presente: inseguridad, corrupción, inflación, cárteles inmobiliarios, huachicol, tráfico de influencias, evasión fiscal o el alza en los alimentos, todo es culpa del pasado, y eso ya no les está gustando incluso a varios que votaron por el cambio. 


Sí, es cierto: muchos de esos problemas no nacieron ayer. Fueron sembrados durante años desde las estructuras del poder. Pero también es verdad que la paciencia social se agota cuando el discurso de la herencia sustituye a la justicia del presente.


Porque el pueblo no solo abreva de cualquier manantial; también lee, recuerda y compara.


Y cuando ve que se protege a personajes señalados en escándalos como Segalmex, o que en Veracruz siguen flotando observaciones por presuntos nuevos saqueos sin castigo ejemplar, la culpa deja de ser exclusiva del ayer y empieza a compartirse con el hoy.


La memoria también alcanza para recordar cómo un país petrolero pasó años sin construir una sola refinería, cómo se abandonaron las existentes y cómo se dejaron caer plantas estratégicas (como las de fertilizantes), cuyas consecuencias hoy pegan directo al bolsillo de productores y consumidores de alimentos.


Por eso no se trata de vivir en el pasado, sino de evitar que el presente repita sus vicios con otros colores.


El pueblo puede entender la herencia; lo que parece ya no estar dispuesto a tolerar es la impunidad reciclada ni la justicia selectiva.


Y si la justicia no alcanza ni a los de antes, ni a los de ahora, la factura política llegará en las boletas, porque se equivocan quienes aún piensan que los programas sociales de asignación universal garantizan votos automáticos. 


Porque puede ser que eso, tampoco alcance. 


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