Lo que para sus adversarios de su propio partido se consideraba una debilidad, a Herrera la pluralidad política terminó dándole fortaleza. La suficiente para conseguir en su sucesión lo que ningún otro antecesor había logrado: imponer candidato y hacerlo triunfar en contra de dos poderosos adversarios. En diciembre de 2010 le entregó la gubernatura a su delfín, Duarte de Ochoa –al que llevó de la mano primero como subsecretario y secretario de Finanzas y luego a la diputación federal–, derrotando a su acérrimo enemigo político Miguel Ángel Yunes Linares, un ex priista y neopanista que como ex director del ISSSTE tuvo todo el apoyo del entonces Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.
Esa alianza con líderes y operadores políticos del PAN y PRD le funcionó a Fidel, lo que ya no pudo conseguir seis años después su sucesor Duarte de Ochoa, pues en su segunda contienda electoral Yunes maniobró para amarrar la coalición con el partido del sol azteca, a cuyo dirigente estatal, Rogelio Franco, le entregó la Secretaría de Gobierno.
Esa alianza con líderes y operadores políticos del PAN y PRD le funcionó a Fidel, lo que ya no pudo conseguir seis años después su sucesor Duarte de Ochoa, pues en su segunda contienda electoral Yunes maniobró para amarrar la coalición del partido del sol azteca, a cuyo dirigente estatal, Rogelio Franco, le ofreció y cumplió entregándole la Secretaría de Gobierno, lo que pagó muy caro Franco Castán en el sexenio de su ex correligionario Cuitláhuac García, quien lo encarceló al llegar a la gubernatura en su segundo intento como candidato de Morena. En 2018, impulsado por el efecto López Obrador, García Jiménez le sacó más de 200 mil votos de ventaja a Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo de Yunes Linares, quien fue postulado por la coalición PAN-PRD-Movimiento Ciudadano.
Seis años después, Rocío Nahle rompió récord al vencer a Pepe Yunes Zorrilla, de la alianza PRI-PAN-PRD, con una supuesta diferencia de un millón de votos que los operadores electorales del priista aseguran que son “fantasma” pero que por un presunto descuido no lograron acreditar sus representantes legales ante los tribunales electorales.
Sin embargo, anteayer, con la declaración del ex diputado local ex perredista Atanasio García Durán las dudas sobre tan apabullante triunfo de Nahle han resurgido.
Y es que a casi 17 meses de iniciado el actual sexenio, el padre del ex gobernador Cuitláhuac García ha puesto en entredicho el abultado bono democrático de la morenista, al considerar que su administración carece de “visión, conocimiento y voluntad política”, por lo que podría haber repercusiones en el respaldo ciudadano hacia el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en los próximos procesos electorales.
“Ya se empieza a ver un malestar. Lo que ocurrió en las elecciones municipales pasadas es un termómetro. No sabemos cómo nos vaya a ir en 2027”, advirtió.
De acuerdo con Atanasio, es necesario que la 4T veracruzana tenga autocrítica para corregir el rumbo antes de las elecciones intermedias del próximo año, en las que se renovarán las diputaciones federales y locales.
“Debe haber autocrítica real, pero no siempre se permite… y eso también afecta”, aseveró el maestro García Durán.
Ayer, Nahle le respondió escuetamente que “yo lo respeto mucho, no hay problema, es su opinión, no hay división (en Morena)”. Sin embargo, algunos de sus voceros oficiosos y subordinados lacayunos arremetieron contra Atanasio difundiendo sus antecedentes más negros y nauseabundos, salpicando hasta a su hijo Cuitláhuac.
¿Llegará la gobernadora con suficiente fuerza interna y fuera de Morena para imponer a su candidato y hacerlo ganar en la sucesión gubernamental de 2030, tal como lo consiguió holgadamente el priista Fidel Herrera con Javier Duarte en 2010?
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