El pasado domingo el exgobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, acudió a la explanada del Monumento a la Revolución, para acompañar a “su jefa”, la presidente Claudia Sheinbaum, en la celebración del segundo año de su triunfo en la elección presidencial.
Le acompañaban algunos de los que formaron parte de su equipo en la administración estatal y que él se llevó a Cenagas. Ahí, en el corazón de la Ciudad de México, Cuitláhuac García se dio tiempo para estrechar la mano de muchos de los que han sido sus aliados y compañeros de lucha en Morena.
Ahí se cerraron acuerdos y se establecieron compromisos con miras a las elecciones del próximo año.
Curiosamente, el diputado federal por Córdoba, el afamado dirigente magisterial Zenyazen Escobar no estuvo allá, en la capital del país, sino que viajó al terruño y decidió acompañar -desde galerías, por supuesto- a “su comandante” (con eso de que se dijo “su soldado”), la gobernadora Rocío Nahle.
En la capital del país lo tienen claro. Cuitláhuac García está operando allá, con la dirigencia nacional y en palacio, para que algunos de los que integran su equipo sean recompensados con candidaturas. En su lista de propuestas aparece el “primo incómodo” Eleazar Guerrero; quiere acomodar a quien fue su segundo secretario de Gobierno, el tabasqueño Carlos Alberto Juárez Gil, y pretende que su hermanastra, Dorheny García repita en el Congreso local.
Desde que llegó con sus “contactos”, estos le advirtieron: “si traes en tu lista a Zenyazen, ve borrándolo”.
De ahí que la estrategia fue que el exsecretario de Educación viajara al puerto de Veracruz y buscara una entrevista con la gobernadora Rocío Nahle: “sólo ella puede aprobar que Zenyazen aparezca una vez más en las boletas electorales”, le explicaron al exgobernador.
Lo que se sabe es que hasta este lunes el rijoso legislador federal no había podido cruzar palabras con la gobernadora, pues ella misma lo ha evitado. “¡Insiste, sigue buscándola!”, le alentaron.
En buena medida, el origen de los “roces” que han tenido en los últimos meses -aunque de manera indirecta- Rocío Nahle y Cuitláhuac García, tienen que ver con la lucha por las posiciones que habrá de repartir Morena en las elecciones del próximo año.
El actual titular de Cenagas quiere su cuota y está pasando factura por la operación de su gente en la elección estatal del 2024. Rocío Nahle, sin embargo, está decidida a formar una estructura propia y ya no está dispuesta a ceder espacios a actores políticos que no estén al cien por ciento con ella.
Estos son los primeros “jaloneos”. De aquí hasta que se confirmen las listas ca candidatos, todavía habrá más gritos y sombrerazos.
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Epílogo.
A propósito del diputado federal por Córdoba, llama la atención el trascendido publicado por el periódico de circulación nacional “El Financiero”, en su columna “Confidencial”. *** Ahí se advierte: “Aunque de ambos bandos pidieron la prueba antidoping al diputado de Morena Zenyazen Escobar, por ponerse en guardia y retar a golpes en el salón de sesiones al priista Carlos Mancilla, simplemente se dejó pasar el incidente. El PRI exigió su revisión médica y el veracruzano aceptó el reto, pero la presidenta de la Cámara, la panista Kenia López Rabadán, admitió que no hay sanciones y que ‘cada diputado es responsable de sus acciones y de sus palabras’. Tampoco hubo nada en contra del priista, que gritó en el pleno al retar al morenista”. *** ¿Lo salvó la campana?
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