Y aquí viene lo absurdo y lo ridículo: si lo que el menor está haciendo es renovar su licencia, ¿por qué demonios la propia licencia vigente no sirve para identificarse?
En estas fechas de vacaciones, los menores ya no tienen credencial escolar vigente, pocos tienen pasaporte y tramitar el mentado documento de identidad es más engorroso e insufrible que un argentino presumido en el Mundial. Hay que buscar al jefe de manzana, ir al ayuntamiento y perder el tiempo a lo lindo.
Es una total falta de lógica que un documento oficial, con fotografía y emitido por la mismísima dependencia tras haber cotejado todo previamente, ¡no sea válido para ellos mismos! Es el colmo de la paranoia burocrática.
Ojo, los empleados de ventanilla no tienen la culpa; ellos solo siguen órdenes y cumplen protocolos para no perder la chamba. Pero si la Contraloría del Estado anda buscando a quién darle el premio al trámite más obtuso, retrógrada y torpe del año, ya tienen a un candidato invicto.
A ver si al iluminado que diseñó el manual se le prende el foco y entiende que si ellos mismos expidieron el documento, mínimo deberían tener la decencia de reconocerlo.
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