Seguramente con alguna molestia, Rocío Nahle ayer mismo tuvo que anunciar que prescindiría de los servicios de su amiga Claudia Tello y se haría un enroque, porque ella regresaría a su escaño en el Senado de la República, y su suplente, Raquel Bonilla, sería nombrada la titular de Educación estatal.
He ahí otro caso de la calidad humana de la ingeniera, pues dispuso que entrara en lugar de la saliente otra mujer cercana a ella y parte destacada del movimiento en que ambas participan. Raquel Bonilla Herrera ha sido desde 2010 una militante emocionada de Morena y una operadora política reconocida.
No obstante sus referencias partidistas, la inminente Secretaría de Educación no tiene un currículum que cumpla con la norma no escrita de que quien sea designado como cabeza de la educación estatal tenga una licenciatura de una Universidad de prestigio nacional, que de preferencia haya cursado estudios de posgrado y que tenga un reconocimiento en el ámbito de la pedagogía y la didáctica.
Raquel es egresada de la poco conocida Universidad de la Huasteca, en sus instalaciones de Poza Rica. Ahí obtuvo la licenciatura en Derecho apenas en mayo de 2025, lo que va en desdoro de su postulación, pues por lo general para puestos de ese nivel se solicita cuando menos una antigüedad del título de por lo menos cinco años.
No se conocen publicaciones ni participaciones destacadas de la ahora exsenadora Bonilla en foros, academias, investigaciones, organizaciones o instituciones educativas. Tampoco se sabe que haya impartido alguna cátedra en alguna escuela.
¿Cuál sería entonces la motivación de la señora Gobernadora para nombrar a una neófita en el área educativa? ¿Afecto? ¿Amistad? ¿Empecinamiento? ¿Espíritu de cuerpo?
Ojalá que no le falle también esa amiga cercana y que nos sorprenda a todos al sacar de la chistera de maga alguna ilusión que le permita mejorar las cosas en el ámbito de la educación pública de Veracruz.
Ojalá…
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