Veracruz acaba de colocarse en el primer lugar nacional en reducción absoluta de deuda entre las entidades federativas durante el primer trimestre de 2026.
Le explico.
Son 4 mil 957 millones de pesos menos en apenas un año.
El saldo pasó de 48 mil 330 millones a 43 mil 373 millones de pesos, una reducción de 10.3% que colocó a Veracruz por encima de Coahuila, Estado de México y Guanajuato.
Pero existe otro dato todavía más importante.
La relación entre deuda e Ingresos de Libre Disposición cayó de 60.2% a 44.7%.
Es decir, Veracruz no solamente debe menos. La deuda pesa menos sobre las finanzas del estado.
Y ahí comienza la verdadera historia política.
Porque Rocío Nahle recibió una entidad que durante casi dos décadas cargó con decisiones financieras tomadas en otros sexenios.
Javier Duarte convirtió el endeudamiento y los pasivos en uno de los grandes símbolos del desastre de su gobierno.
Miguel Ángel Yunes supuestamente administró aquella crisis sin conseguir desmontarla.
Y Cuitláhuac García construyó durante seis años un discurso de supuesto saneamiento financiero y reducción de deuda, aunque posteriormente surgieron cifras, pasivos y distintas formas de contabilización que dejaron suficientes dudas sobre qué tanto se había pagado realmente y qué tanto se había acomodado contablemente.
Nahle tomó otro camino.
Pagar.
Así de simple.
Su gobierno liquidó anticipadamente créditos bancarios, redujo obligaciones de largo plazo, terminó con el histórico adeudo fiscal con el SAT y extinguió la deuda bursátil que desde 2008 comprometía participaciones federales de 199 municipios.
No son movimientos cosméticos.
Son compromisos que desaparecen.
Y esa diferencia importa. Al refinanciar una deuda se pueden mejorar condiciones; cambiar su clasificación puede modificar una estadística.
No obstante, cuando un crédito se liquida, cuando un adeudo fiscal se termina y cuando recursos públicos dejan de estar comprometidos, el margen financiero del gobierno aumenta.
Eso es justamente lo que está ocurriendo.
Rocío Nahle está trasladando a Veracruz una lógica que ya mostró en proyectos nacionales de enorme complejidad: ordenar, ejecutar y resolver.
Y políticamente eso puede terminar siendo mucho más importante que cualquier discurso.
Nahle apenas transita por su segundo año y comienza a construir una narrativa particularmente poderosa: recibir problemas viejos y cerrarlos.
No patearlos hacia adelante, ni heredarlos al siguiente gobierno.
Ella resuelve.
Es cierto, Veracruz todavía tiene deuda y nadie podría sostener seriamente lo contrario. Pero cambió algo fundamental: la trayectoria.
Durante años la pregunta era cuánto más iba a deber Veracruz.
Hoy empieza a ser cuánto más puede dejar de deber.
Y después de casi dos décadas en las que Veracruz fue noticia nacional por cómo se endeudó, ahora comienza a serlo por cómo está pagando.
Esa diferencia no solamente es financiera. Es profundamente política.
Y tiene en Rocío Nahle a su principal responsable.
Les guste o no a sus opositores.
@IvanKalderon |