De acuerdo con la información proporcionada para esta columna, el barco había salido de Bremen, Alemania, con destino a Tuxpan, Veracruz, transportando 551 contenedores. Inicialmente se informó que la embarcación se había hundido durante una tormenta la noche del 24 de febrero.
Pero investigaciones posteriores y la apertura de archivos del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York habrían arrojado una versión diferente.
Según esos documentos, el buque presentaba problemas técnicos antes de iniciar su último viaje: fallas en el motor, grietas en la placa y pernos de la base del motor sueltos. La embarcación habría quedado a la deriva después de una falla mecánica, sin posibilidades de enviar señales de auxilio.
Otro de los señalamientos más delicados es que la posición proporcionada a la Guardia Costera estadounidense habría sido incorrecta, lo que dificultó la localización de la nave y de sus tripulantes.
El tribunal estadounidense habría determinado además responsabilidades económicas para la empresa, incluyendo el pago por una carga valuada en 22 millones de dólares y compensaciones a familiares de los marinos desaparecidos.
Aquí es donde la historia adquiere otra dimensión.
Porque una cosa es presentar un libro sobre la trayectoria de una empresa y otra muy distinta es convertir esa historia empresarial en un homenaje público sin explicar también los episodios que dejaron preguntas pendientes y, sobre todo, víctimas.
La pregunta resulta inevitable: ¿por qué en la presentación del libro no se habló también de la historia del buque Tuxpan y de sus tripulantes?
Porque un libro empresarial puede contar los éxitos, las inversiones, los contratos y los logros. Pero cuando existe una tragedia de semejante magnitud vinculada con la empresa, también debería existir espacio para la memoria, la responsabilidad y la explicación.
Y aquí aparece el papel del Ayuntamiento.
El gobierno municipal puede promover actividades culturales y apoyar la presentación de libros, por supuesto. Pero cuando se trata de una empresa cuyo nombre está ligado precisamente al de Tuxpan y a una tragedia marítima que costó la vida de toda una tripulación, la prudencia institucional debería estar por encima de la fotografía y del aplauso.
No se trata de condenar a nadie sin sentencia ni de sustituir a los tribunales. Se trata de algo mucho más sencillo: conocer toda la historia antes de convertir a sus protagonistas en héroes.
Porque hay homenajes que pueden esperar.
Y hay memorias que no deberían hundirse otra vez en el olvido.
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