Pero suponiendo que Morena cumpla buena parte de esas expectativas, todavía quedaría una pregunta: ¿dónde está el bono extra y para quién?
Fácil: en el PRI o en el PAN. Lo terrible para la oposición sería que estuviera en ambos.
El asunto no necesariamente es desaparecerlos del mapa electoral, sino aplastarlos lo suficiente para que su porcentaje de votación siga cayendo. Y ahí es donde empieza lo interesante.
Primero, las desbandadas.
Panistas que abandonan al PAN, priistas que dejan al PRI y cuadros que durante años hicieron política bajo esas siglas y que hoy buscan acomodo donde todavía haya cama, comida y posibilidades de sobrevivir políticamente.
Movimiento Ciudadano ha servido como receptor natural para una parte de esos desencantados. Y todavía falta agregar a los nuevos partidos que aparecerán en la boleta y que, en mayor o menor proporción, tendrán que sacar votos de algún lado.
¿De Morena?
Vamos a concederle el beneficio de la duda a los guindas. De entrada presumen una militancia cercana al millón de personas en Veracruz. Si a esa estructura se agrega el voto de ciudadanos beneficiados por los distintos programas sociales que generosamente reparte Mamá Gobierno, pues ya tienen otra “cacherita” electoral bastante cómoda.
¿Entonces de dónde saldrán los votos para alimentar a las nuevas opciones?
PAN y PRI parecen la despensa más cercana.
Al tricolor todavía lo persigue el descrédito acumulado durante décadas, mientras que Acción Nacional lleva años sin encontrar la química con una sociedad de la que ahora, dicen, pretende volver a enamorarse abriendo candidaturas a los ciudadanos.
A eso súmele que la elección del 2027 será intermedia, de ésas que difícilmente despiertan pasiones multitudinarias entre el electorado.
Y en Veracruz hay otro detalle.
La oposición tiene una presencia territorial limitada desde el Congreso local. Apenas un diputado uninominal y los plurinominales opositores –no todos precisamente– tienen que partirse en cachitos para ondear la bandera de su partido, o cuando menos la propia, en todo el territorio veracruzano. Los más movidos: Ana Rosa Valdés (PRI), Elena Córdova (MC) y Héctor Yunes (estrenando partido)...
Frente a eso estará Morena, sus alcaldes, diputados, estructura territorial y, por supuesto, todo lo que implica competir desde el poder. Ahí es donde el escenario adquiere otra dimensión, porque quizá el verdadero objetivo no sea borrar al PAN o al PRI. Hay algo más doloroso. Pegarles aún más en el bolsillo.
Menos votos significan menos prerrogativas. Y cuando un partido carga nómina, estructura, deudas, laudos, demandas y gastos cotidianos, cada punto porcentual que pierde en las urnas termina convirtiéndose en un boquete financiero.
Un partido sin votos pierde representación, pero un partido sin dinero pierde operación.
Morena, lo dijimos ayer, parece tener bastante claro su objetivo para 2027: mayoría en el Congreso local y mayoría en la Cámara federal. Ahora que si además consigue mandar al PAN y al PRI todavía más abajo en las urnas, habrá ganado algo más que diputaciones.
Ése sería su bono extra, al menos en Veracruz.
Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de www.politicaaldia.com |