Pero los reportes publicados en el aniversario muestran otra parte de la historia: familias que siguen esperando una vivienda, proyectos habitacionales todavía en proceso, y bordos de protección que no se habían concretado.
Ahí está la diferencia entre anunciar la reconstrucción y concluirla… lo cual resulta entendible, no puede reconstruirse por completo tanto daño en 365 días.
Porque una cosa es entregar un apoyo y otra devolverle a una familia el patrimonio que perdió. Una cosa es iniciar la construcción de una casa y otra entregarla. Y una cosa es instalar alarmas y otra garantizar que la población sepa cómo actuar cuando el río vuelva a crecer.
Por eso hace falta un balance público, obra por obra y municipio por municipio: cuántas viviendas se terminaron y entregaron, qué puentes están concluidos, qué recursos se ejercieron y cuándo estarán listas las obras de protección.
No para descalificar lo realizado, sino para distinguir entre los compromisos y los resultados. Insisto: imposible levantar tanta devastación en un año.
La reconstrucción no consiste únicamente en devolver las cosas a como estaban antes. También significa reducir el riesgo de que la siguiente inundación vuelva a dejar a las mismas familias sin casa, sin patrimonio y sin certeza.
El aniversario debería servir para recordar a las víctimas, reconocer la solidaridad de quienes ayudaron y evaluar lo que las autoridades han hecho. Pero también para preguntar, con datos y sin afán negativo, cuánto nos falta.
Porque la emergencia puede finalizar en los informes oficiales, sin embargo, para una familia que aún espera recuperar su casa, termina cuando puede volver a vivir sin miedo.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
X: @aaguirre_g
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