Ah, cómo vamos a extrañar en las comidas y/o los desayunos la persistente candidatura autonominada de Bernardo hacia la alcaldía de su natal Tuxpan, que nunca quiso pero que hubiera llenado de inteligencia y desarrollo a la Perla de Oriente, el Puerto de los Bellos Atardeceres.
Recordamos a Bernardo como un veracruzano que se fue hasta el Altiplano a hacer carrera con el padrinazgo de otro gran paisano y enorme periodista, Miguel López Azuara, que era amigo muy cercano de su padre y que lo ayudó a entrar, para aprender y trabajar, en el Excelsior de Julio Scherer García, una de las escuelas más exigentes y completas para formarse en el duro oficio de informar todos los días y todo el día.
En la Ciudad de México que aún era Distrito Federal, el joven Bernardo Gutiérrez Parra maduró desde las redacciones de importantes periódicos hasta convertirse en el comunicador hecho y derecho que regresó a Veracruz en plena madurez profesional y ejerció el arte de informar muy a su modo original y grandioso en ciertos extremos.
Ay, Bernardo, cómo vamos a extrañar tu voz en las mesas del G-10 y tus prosas en los medios masivos… pero también como te estamos reconociendo y agradeciendo, como lo hicimos muchos siempre, tu talento de periodista y de veracruzano nacido acá. Bienvenido a la eternidad de los creadores.
Es Marisol
Como decían los filósofos españoles Ortega y Gasset (je): el columnista es él y su circunstancia… y su autocorrector. En mi “Sin tacto” de ayer, ay, permití al duende que hiciera una travesura y me impuso un “Maribel” donde debió haber ido el nombre correcto de Marisol Alicia Delgadillo Morales, la distinguida Presidenta/Consejera del OPLE Veracruz.
Tuve la fortuna de que algunos compañeros que me hacen el favor de publicarme se compadecieron de mi falta de acuciosidad y corrigieron pudorosamente el yerro.
Ese dislate mío entra en el museo del erradero en que se ha convertido a veces mi prosa, aunque persisto en mi mejor intención de servir al lector.
Una disculpa a la reconocida funcionaria y a quienes tuvieron que embeberse el error imperdonable.
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