La vinculación a proceso del exgobernador panista de Baja California, Ernesto Ruffo Appel.
La salida desde Argentina del exalmirante Fernando “N”, señalado en la trama del huachicol fiscal, y el deslinde de la Marina.
El regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa, después de asegurar que fue investigado y no se acreditaron los señalamientos que pesaban en su contra.
La posibilidad de que vuelva a discutirse el retiro del fuero constitucional al dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno.
Y el anuncio de la fiscal Ernestina Godoy de que podrían venir nuevas órdenes de aprehensión relacionadas con la red del huachicol fiscal.
¿Son asuntos distintos? Sí.
¿Tienen expedientes, actores e historias propias? También.
Pero juntos reflejan algo: la seguridad, la justicia y la política están entrando en una etapa de mayor movimiento.
¿Hay una estrategia detrás? Todavía no existen elementos para afirmarlo. Pero tampoco hay que inventar una conspiración para reconocer que el tablero parece estar moviéndose.
México necesita recomponer y fortalecer su relación con Estados Unidos en materia de seguridad. Y, al mismo tiempo, comienzan a activarse expedientes que pueden alcanzar a personajes políticos, empresariales y de gobierno. Es decir, algunos pueden perder con ello el paraguas que los protege.
Quizá todo sea coincidencia. Quizá, con el paso del tiempo, aparezcan conexiones que hoy todavía no alcanzamos a ver. Por ahora, lo prudente es observar. Porque a veces la política no avisa hacia dónde va: simplemente empieza a mover piezas.
Y cuando se mueven demasiadas piezas al mismo tiempo, conviene preguntar quién está cambiando las reglas del juego.
Por lo pronto, habrá que seguir el rastro. Y ver para qué matorral corre el ratón.
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