Los dos temas están al rojo vivo y serán la primera gran prueba de fuego del segundo año de gobierno de Rocío Nahle. Aunque, hay que decirlo, hasta ahora la corrupción y malas prácticas administrativas llevan ventaja, con una Fiscalía General del Estado que sigue mostrando una preocupante pasividad frente a las múltiples denuncias turnadas por el ORFIS.
Punto y aparte merece el tema del cártel inmobiliario, que dejó de ser solo “presunto” para instalarse en la opinión pública como una red delincuencial estructurada, con tentáculos notariales, judiciales y administrativos. Aquí, la expectativa está puesta en que el nuevo Poder Judicial sí meta las manos, acorde con la postura firme de la gobernadora.
Existen, además, otros asuntos de competencia federal que también demandan atención, pero que exigirán máxima coordinación institucional, porque al ciudadano común poco le interesan las fronteras burocráticas cuando el agravio es real y cotidiano.
Veracruz entra así en una etapa donde la narrativa ya no alcanza. Lo que viene debe ser acción: rápida, profunda y sin titubeos.
O se rompe el círculo de impunidad, o se confirma que en Veracruz la corrupción ha logrado sobrevivir al cambio de gobierno.
Esperanzas hay. ¡Claro que las hay!
Lecheros calientes para el frío y para darle valor a Nahle para que no le tiemble la mano a la hora buena. |