Contra todo pronóstico, enero no llegó con el hachazo inflacionario que durante años se anunciaba como catástrofe. El INEGI reportó una inflación anual de 3.79%, apenas 0.38% más que en diciembre: el segundo arranque de año más bajo en siete años.
Y eso, pese al aumento al IEPS en gasolina, alcohol, tabaco, refrescos y alimentos calóricos. Subieron los cigarros 14.51% y los refrescos 5.53%, pero el golpe fue contenido. ¿Sirvieron las advertencias sobre consumo?
Mientras tanto, el transporte aéreo se desplomó 36.64% —las aerolíneas ruegan pasajeros—, el chile serrano bajó 25.51% y el huevo 6.31%. Alivios inesperados al bolsillo.
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¿Y el temido impacto por el alza al salario mínimo que los gobiernos prianistas usaron durante años como espantajo? No ha aparecido. ¿Mintieron al pueblo?
Eso sí, la inflación subyacente sigue terca en 4.52%, obligando a Banxico a no bajar las tasas. Los créditos hipotecarios y las tarjetas seguirán apretando.
Enero dio respiro. Falta ver febrero y marzo. ¿Calma real o simple tregua económica? |