Con ello, México se ubica entre los peores evaluados del mundo, en el lugar 141 de 182 países. Peor aún: es el último lugar de la OCDE y está por debajo de naciones con severas crisis institucionales.
El diagnóstico es demoledor: policías, partidos políticos, trámites gubernamentales y contrataciones públicas concentran la mayor percepción de corrupción, con una constante: impunidad casi total. Así, no sorprende que el 45.2% de los ciudadanos urbanos haya sido víctima directa de algún acto corrupto.
Y Veracruz por ejemplo está entre los diez estados con mayor percepción de corrupción, donde 8 de cada 10 ciudadanos consideran que estos actos son frecuentes, afectando seguridad, justicia, economía y confianza pública.
La pregunta es obligada: ¿Hasta cuándo los votantes seguirán esperando se cumpla la promesa de fondo de AMLO que permitió el ascenso de la 4T al poder, pues a la fecha no se ha visto que la escoba barra ni de abajo para arriba y tampoco de arriba para abajo?
No se olvide que la paciencia tiene límites.
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