Chua comenta que Rocío Nahle volvió a hablar sin palabras: sentó a su “delfín” en la mesa de seguridad, mandó lejos a Ahued y dejó claro que la sucesión no se improvisa. Al mismo tiempo, mostró músculo frente a transportistas y regaló cuatro días de pasaje. Señales duras. Mensajes finos y una advertencia clara: el poder se ejerce, no se negocia.
¿Estamos viendo apenas el primer capítulo del juego sucesorio en Veracruz? ¿O Nahle ya decidió con quién va a jugar el 2030?
¿Es temprano? Sí. Pero los demás aspirantes ya deben estar pensando que no es tiempo de echarse a la hamaca, sino de empezar a moverse.
La segunda señal fue igual de fuerte: no doblarse ante los concesionarios, recuperar rutas, contratar choferes y hasta ordenar pasaje gratuito durante el Carnaval. Una decisión inédita que dejó claro, sin matices, quién manda hoy en Veracruz.
¿Está Nahle marcando ya la cancha del futuro político?
¿Y quiénes entendieron —y quiénes no— estas señales?
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