Más allá de las cifras, lo relevante es el mensaje político e institucional: la narrativa de “cero impunidad” empieza a construirse con acciones medibles y no solo con conferencias.
Ahí están las sentencias en Xalapa, Córdoba, Coatzacoalcos y Tuxpan; las detenciones en flagrancia; y el dato que más interesa políticamente: la Fiscalía ya empieza a moverse con ritmo territorial y presión judicial simultánea.
Porque en seguridad la percepción también cuenta. Y cuando empiezan a acumularse sentencias, operativos y procesos penales, el mensaje cambia: el Estado busca recuperar control y presencia.
Falta mucho, desde luego, pero en política de seguridad hay algo peor que reconocer pendientes: no mostrar resultados. Y hoy la Fiscalía y el Gobierno de Nahle empiezan a poner números sobre la mesa. |