2.- ¿Quién tomó la decisión?
3.- ¿Cuándo se resolverá?
Los productores afirman que la medida afecta y deja sin mercado una producción que no puede detenerse de un día para otro. Las vacas no dejan de producir porque exista un trámite pendiente o una decisión administrativa. La leche debe venderse, transformarse o termina desperdiciándose.
Por eso la imagen de productores regalando o tirando leche en las calles resulta tan poderosa: detrás hay trabajo, inversión y familias enteras que dependen de esa actividad.
Liconsa tiene derecho a explicar si existen problemas administrativos, sanitarios, presupuestales o de documentación. Pero mientras esa explicación no llegue, la narrativa pública seguirá construyéndose únicamente desde la desesperación de los afectados.
Porque si el problema tiene solución, debe resolverse. Y si existe una razón técnica para la suspensión, también debe conocerse y los productores apegarse a las medidas sanitarias, pues los consumidores merecen lo mejor por su dinero.
Lo que no parece razonable es que mientras el país habla de soberanía alimentaria y apoyo al campo, miles de litros de leche terminen desperdiciados y cientos de productores sigan esperando una respuesta.
El problema se hizo público, y pública deberá ser la respuesta pues en ello radica la transparencia y la transformación prometida.
¿Falla administrativa, problema presupuestal o simple falta de comunicación? Es la pregunta que engloba todas las demás. |