El argumento podrá tener defensores en algunos países, pero políticamente, en México, solo movió el avispero.
En la mesa alguien resumió el sentir popular con una pregunta muy sencilla: ¿Cómo explicar que un patrimonio construido durante años, por el que ya se pagaron impuestos, vuelva a ser gravado cuando cambia de manos?
Al final, la propuesta no prosperó. La mayoría del Pleno la rechazó. Pero el episodio deja una enseñanza. Hay debates jurídicos que pueden darse en las universidades, hay debates económicos que corresponden a los especialistas, y hay debates que, por su enorme costo político y social, requieren mucho más que una buena intención.
Cuando desde las más altas instituciones del país se empiezan a poner sobre la mesa ideas de este tipo, muchos terminan preguntándose si se trata de una simple reflexión jurídica... o de la primera piedra de una discusión que podría volver más adelante.
En política no basta con tener una idea; también hay que saber en qué momento ponerla sobre la mesa.
Por lo pronto, los canillazos políticos del día ya encontraron destinataria. |