La fórmula es eterna, no cambia. Buena parte de la sociedad se la ha pasado décadas cuestionando el costo de los partidos y exigiendo menos burocracia electoral, pero no dejan de aparecer nuevas franquicias políticas financiadas con recursos públicos. Paradójicamente, los ciudadanos pagarán con sus impuestos organizaciones políticas cuya utilidad muchos ponen hoy en duda.
Pero si algo demuestra esta historia es otra cosa: los políticos mexicanos tienen una extraordinaria capacidad para reinventarse. Cambian las siglas, cambian los discursos, cambian los aliados, pero ellos siguen encontrando la forma de permanecer en el tablero.
Hay quienes llaman a eso experiencia. Otros simplemente le dicen supervivencia política.
Lo cierto es que pocos dominan ese arte como Héctor Yunes y Antonio Luna.
Mientras unos desaparecen de la política, otros vuelven: con partido nuevo, y con prerrogativas y presupuesto fresco.
Los canillazos de hoy no son para los partidos. Son para esa vieja escuela política que siempre encuentra la manera de seguir vigente. |