El segundo es nuestro viejo conocido Pedrito Sola, a quien se le hizo fácil decir en vivo que le dan ganas de aventar carne envenenada a los perros en sitios públicos. Lo peor no fue solo su ocurrencia criminal, sino que en el set le aplaudieron la "gracia".
La tercera es la senadora paraguaya Celeste Amarilla, quien lanzó comentarios racistas contra Kylian Mbappé. Cuando el futbolista la arrastró llamándola “despreciable e indigna”, la legisladora, en lugar de amarrarse la lengua, se indignó y amagó con demandar.
Lo más patético de este trío fue el control de daños. La senadora y Pedrito aplicaron la vieja confiable de justificar su decadencia en la edad, alegando que "son de otra generación" y que apenas se están "deconstruyendo" —como si la vejez fuera licencia para ser miserable—. Por su parte, el patrón Ricardo Salinas Pliego tuvo que obligar a Pedrito a pedir perdón, mientras que Feinmann salió a decir que sus insultos eran "en el contexto del fútbol", como si la idiotez tuviera ese canijo justificante.
En fin, el dicho antes era “el pez por su boca muere”. Hoy, la política y la farándula nos demuestran que los tontos por su propia red social se matan. |