Esta mañana, en los cafés políticos de Veracruz, se comentaron entre otros temas los casos de Ernesto Ruffo en lo federal y el de los dos alcaldes de Movimiento Ciudadano en lo local.
En ambos casos parece haber pruebas suficientes para iniciar los procesos. Ruffo Appel ya está vinculado a proceso y en prisión preventiva; mientras que el alcalde de Ixhuatlán del Sureste, Raúl González Martínez y el de Úrsulo Galván, Bertín Bravo Montero, están en capilla todavía pues sus procesos de desafuero dependen del Congreso del Estado.
Los sabios bebedores de café reiteraron lo que se ha comentado anteriormente, que bien tiene razón el viejo dicho de “hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”. Y es que pareciera que no solo ser de Morena garantiza tener percepción de un manto de impunidad; sino también ser de oposición garantiza tener percepción de un manto angelical.
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Son casos que, evidentemente, traspasan los límites de lo jurídico y brincan a lo político. Pero es curioso cómo la oposición, a bote pronto, defiende a los suyos y utiliza la confiable defensa de “persecución política”.
Los sabios bebedores de café llegaron a la conclusión de que para ser inocente y defendido, basta ser político.
Hoy la presidenta Sheinbaum tuvo un desliz entendible, pues no es su obligación conocer todos los términos jurídicos. Dijo que el caso de Ernesto Ruffo “ya está juzgado”, cuando en realidad está en proceso y aún no ha llegado siquiera a la etapa del juicio oral.
Pero más allá de ese gazapo lo interesante será entender que político o no político, hay personas que gracias a sus conexiones y entramados, cometen acciones ilícitas.
Aquí en Veracruz, Rocío Nahle también tuvo que salir a advertir que no hay persecución política contra alcaldes del Movimiento Ciudadano, señalando como falsa la narrativa de la oposición de que dichos alcaldes fueron invitados a pasarse a Morena y al no aceptar, entonces les pasaron la guillotina.
Nahle, por cierto, en últimas fechas ha hecho muy bien en deslindar su ámbito de competencia y le ha dejado los temas de la Fiscalía a que los explique la Fiscal, y los temas del Congreso, a los diputados. Gracias a eso ha tenido menos desencuentros con la prensa, quienes, hay que decirlo, antes se enojaban porque la gobernadora respondía temas que no eran de su resorte, y ahora se enojan porque no se mete en ellos. En fin, dirían los jóvenes, la hipotenusa. |