Inicialmente la culpa recayó en el empleado, quien por quedarse callado recibió la promesa de que lo ayudarían a salir de la cárcel, que a su familia la llevarían al “gabacho”, que les comprarían una casa nueva y de pilón que hasta les regalarían la tele más grande que tenía el patrón, la de la sala de su casa.
Así, finalmente, luego de muchos dilemas morales del patrón entre si se entregaba o no, entre si dejaba que su empleado cargase con la culpa, y entre los enfurecidos padres de los otros niños muertos que deseaban caerle a pistoletazo limpio para que se le quitara la ingrata costumbre de seguir respirando, decidió entregarse y lo sentenciaron a dos añotes de prisión sin derecho a fianza por la trágica muerte de tres niños.
Si hubo homicidio culposo o si fue un accidente, podría caer incluso en el ámbito de la discusión jurídica y de la interpretación de los hechos, pues la serie tiene el mismo rigor teórico científico que La Rosa de Guadalupe.
Sin embargo, como diría Cantinflas, ahí está el detalle mis chatos, pues la canija política a menudo se empeña en rebasar los límites de la ficción.
Recordará Usted, bien querido lector lectora, que en las postrimerías de las campañas presidenciales, diez personas murieron por un “accidente” cuando el viento derribó el templete del mitin de Jorge Álvarez Máynez.
Las escenas grabadas mostraron la crudeza del ser humano cuando al grito de “El de atrás paga”, Máynez se escabulló más rápido que narcotraficante en túnel y salvó la vida, dejando a Lorenia Canavati (la otra política en cierre de campaña) y a todos los demás, a que se rascaran con sus propias uñas.
Finalmente, y luego que todos dijeran “A mí ni me miren”, se determinó que fue un “accidente”. Se indemnizó a cada una de las familias de los fallecidos con 400 mil pesos y con 100 mil pesos a cada herido, mismos que sumaron 189.
Además, por si eso fuera poco, el Gobierno de Nuevo León se encargó de los gastos funerarios (¡Faltaba menos!) y aseguró que se le brindaría apoyo continuo a las familias afectadas a través de becas, alimentos y transporte.
Y tan tan.
Podría decirse que hay un mar de diferencia entre el soborno ofrecido al empleado y su familia en la Serie de Netflix y el dinero y apoyos entregados a las víctimas del evento de Máynez. Pero ¿Realmente es tan grande la diferencia?
Alguien debió haber previsto que violentas ráfagas se iban a presentar ese día en San Pedro y no lo hizo, alguien debió reforzar el templete y no lo hizo, en alguien debió tener la cordura y suspender el evento y no la tuvo, y como no se hizo nada, diez personas perdieron la vida.
Accidente, negligencia, homicidio culposo, son muchos los conceptos que se pueden debatir en el accidente del evento de Máynez. Pero eso sí, cuando menos en la serie de Netflix, por más chafa que le pueda parecer a algunos, por lo menos allí sí hubo un culpable que pagaría su culpa tras las rejas… en la vida real, donde las cosas deberían ser diferentes, todo quedó en un “trágico accidente”. Cosas de la política.
@AtticussLicona
(COLUMNA "POLÍTICA AL DÍA") |