Lo ocurrido este fin de semana con el Salsa Fest representa una muestra contundente. Las cifras preliminares hablan de entre 230 mil y 250 mil asistentes en una sola jornada. Hoteles con ocupación prácticamente total, vuelos saturados, corridas de autobuses agotadas y una intensa actividad comercial en restaurantes, comercios y servicios turísticos de toda la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.
Más importante aún: saldo blanco.
En tiempos donde los eventos masivos suelen estar acompañados de noticias sobre incidentes o problemas logísticos, Veracruz logró demostrar capacidad organizativa, coordinación institucional y seguridad para recibir a cientos de miles de visitantes provenientes de distintas entidades del país e incluso del extranjero.
Pero el Salsa Fest no es un hecho aislado.
La estrategia se complementa con iniciativas como el Yolpaki, la Cumbre Tajín, la presencia permanente de Veracruz en ferias turísticas nacionales e internacionales, las campañas de promoción bajo la marca "Veracruz está de Moda" y actividades locales como los Jueves Musicales en Xalapa, que han logrado recuperar espacios públicos para la convivencia familiar.
Lo verdaderamente relevante es que esta política pública entiende algo que durante mucho tiempo se subestimó: la cultura y el entretenimiento también son herramientas de desarrollo económico.
Cada visitante que llega consume alimentos, utiliza transporte, ocupa habitaciones de hotel y genera empleos directos e indirectos. Cada festival exitoso fortalece la identidad colectiva y proyecta una imagen positiva de la entidad. Cada evento bien organizado envía un mensaje de confianza para futuros inversionistas y promotores.
Existe además un componente social que merece destacarse. En una época marcada por la polarización, la incertidumbre económica y las tensiones cotidianas, ver a miles de familias reunidas en un espacio público disfrutando de la música, la cultura y la convivencia representa algo más profundo que una simple fiesta.
La felicidad también es un indicador social.
Que niñas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores puedan acceder gratuitamente a espectáculos de calidad fortalece el tejido comunitario y democratiza el acceso a la cultura. Particularmente para los jóvenes, estos eventos ofrecen alternativas sanas de recreación y esparcimiento alejadas de dinámicas que durante años preocuparon a las autoridades y a las familias.
Por supuesto, aún existen enormes desafíos en materia de infraestructura, conectividad, servicios y promoción regional. Pero negar que Veracruz vive hoy uno de los momentos más dinámicos de su industria turística sería cerrar los ojos ante una realidad evidente.
Porque cuando los hoteles se llenan, los restaurantes trabajan a su máxima capacidad, los aeropuertos registran alta demanda y cientos de miles de personas salen a las calles para celebrar en paz, la promoción deja de ser propaganda.
Se convierte en desarrollo.
Y eso, guste o no a los detractores permanentes, es exactamente lo que comienza a suceder en Veracruz.
Al tiempo.
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(COLUMNA "ASTROLABIO POLÍTICO") |