Como para dimensionar el peligro y el por qué de la preocupación del gobierno estatal y federal, es que la interconexión de las lagunas grandes y pequeñas forman uno de los llamados Sistemas Lagunarios más grandes e importantes de América Latina.
Es decir, el peligro real -y los cuenqueños lo saben-, es que en su mayoría viven de la pesca, la agricultura y la ganadería, y esas son actividades en las que la pureza del vital líquido es medular para su economía; sobre todo, para los pescadores que practican una especie de acuacultura natural que abarca enormes aguas en más de 7 municipios. Y ahí es donde la calidad del agua deja de ser un asunto técnico para convertirse en un tema económico, social y político.
Ahí es donde se encuentra el verdadero peligro para la comercialización de productos pesqueros, pues la noticia de la contaminación mal manejada le pegaría directamente a la demanda de una gran variedad de productos propios de lagunas dulces.
Por ello, la noticia de que la CONAGUA esté presente en la región es importante y más lo es que responsablemente las autoridades federales a petición del estatal hayan decidido no cerrar el expediente ambiental ni dar por concluida la reciente contingencia.
Los nuevos monitoreos en la presa Camelpo, el río Blanco y diversos puntos cercanos a Las Lajas, comunidad de Nopaltepec en el Municipio de Cosamaloapan, buscan algo más que números de laboratorio: lo que se busca y solicitaron el alcalde de Cosamaloapan, Jorge Alberto Villegas Cázares, y la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, y al gobierno federal de Claudia Sheinbaum, es recuperar la confianza de pescadores, agricultores, ganaderos y habitantes de la región.
El mensaje parece claro: la vigilancia continuará y las investigaciones también. En tiempos de lluvias, crecientes y contingencias ambientales, la peor decisión sería bajar la guardia demasiado pronto.
Así, pronto se verá que cerrar la planta alcoholera y cerrar la fuente de la contaminación no es lo más importante, sino que se le imponga además de las sanciones económicas correspondientes, la obligación de instalar equipos adecuados para sanear los deshechos propios de la actividad y generar confianza en la población. No estaría mal, además, que se revisaran los convenios de la CONAGUA con los ingenios de la zona, pues es histórico la contaminación que causan en el Río Papaloapan, aunque como ya mencioné, es una contaminación con la que los ribereños ya se acostumbraron a vivir, pero eso no quiere decir que se deba seguir solapando.
Reparar el daño es importante. Pero evitar que vuelva a ocurrir lo es todavía más.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |