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Madres y policías, doble mérito |
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Xalapa, Ver., 09 de mayo de 2012.- A las cinco de la mañana empieza su jornada; la ropa y el desayuno de sus hijos debe estar listo antes del toque de corneta, pues a las siete de la mañana cambian sus roles: dejan de ser mamás para convertirse en policías. Minerva, María del Carmen y Carla son mujeres que todos los días entregan la vida por sus hijos.
Minerva Ferrán Norberto tiene 12 años de haberse integrado a la Secretaría de Seguridad Pública, y actualmente trabaja en el Aeropuerto de El Lencero. Como en otros muchos oficios, el policía debe contar con la vocación, es lo primero. "Desde chica quise ser o formar parte de algo donde pudiera ayudar, me ha gustado la vida ruda, y siempre quise ser así, y cuando tuve la oportunidad, aproveché", cuenta.
Es madre soltera, como muchas mujeres que forman parte de los cuerpos de seguridad pública; "quién sabe, será que rompemos el estereotipo de la mujer débil, quién sabe, a lo mejor nos tienen miedo de que sí les damos sus cates. Pero bueno, lo importante es mi hija, que es mi vida y para quien trabajo", comenta orgullosa.
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Su día, como el de casi todas las mujeres policías, comienza a las cinco de la mañana. "Me baño, me cambio, hago de desayunar para darle a mi hija que ya se va, ya está grande, pero me gusta consentirla, que se sienta que todavía me tiene; entonces desayunamos, tomamos algo juntas, y nos vamos, yo me voy a agarrar mi carro y ella se va para la escuela. Y de ahí regresa sola a la casa, y pues nos vemos hasta la noche.
Minerva se da tiempo de hacer sus quehaceres domésticos, de hacer limpieza y cuando coinciden, comer con su hija cuando llega de la escuela, porque luego "viene con un hambre". Ella tiene 15 años, "está en la prepa, pero somos muy amigas porque nos llevamos muy bien, nos relacionamos bastante bien, salimos a comprar, convivimos, trabajamos en casa, y pues el quehacer que no se termina", expresa.
Pero no siempre fue así; cuenta que cuando comenzó su carrera policial su hija contaba con sólo tres años y le fue muy difícil. "Buscaba algo aquí en Xalapa, pero me costó, tuve que estar en delegaciones. En ese tiempo tuve que dejarla con un familiar, que me la cuidaran. Estar en una delegación es más difícil porque uno anda en carretera todo el tiempo, nomás va uno cada dos meses, cada 15 días, y un día, y con la misma te regresas, y nada más los ves así, de visita. Todo el tiempo es estar en el trabajo".
Hay muchos días difíciles, dice, días en que realmente lo que uno quiere es llegar y descansar, estar en la casa, pero por más estresante que sea, por más complicado, no hay nada peor que ver a los hijos en algún problema o en alguna situación difícil, por eso no hay cosa más confortante que la familia, "porque independientemente de cómo venga de estresada, cansada o con demasiado sueño, con ver a mi hija contenta, cuando me dice mamita ya viniste, cómo te fue, vas a comer algo, todo desaparece, el cansancio, el estrés, todo está bien entonces, me doy por bien pagada, todo mi servicio y todo lo que haya pasado.
"Es difícil el trabajo porque dondequiera que estemos para una mujer siempre va a ser difícil hacer doble labor, tanto la labor que es nuestro trabajo, nuestra rutina diaria, que es en casa", concluye.
María del Carmen Galindo González tiene seis años que está en servicio, y se siente muy orgullosa de su trabajo. Tiene una hija de 12 años, y relata que al principio no le gustaba mucho que estuviera lejos de ella, sobre todo durante largos periodos, pero poco a poco se fue acostumbrando, sobre todo porque la dejé encargada en una familia.
Como las demás mujeres policías, tuvo que apoyarse de alguien para continuar con su carrera en la Policía Estatal, alguien "que me la cuidara, que me apoyaran para llevarla a la escuela, para las actividades que no pudiera realizar por cuestiones de mi servicio".
Recuerda que cuando niña, su hija le llamaba la atención, sobre todo, su forma de vestir. "Me decía que por qué me vestía yo así, que por qué era yo policía, porque antes trabajaba en una oficina y me veía vestida diferente. Tú quieres agarrar malos nada más, me decía, pero yo le contestaba que era un servicio a la ciudadanía, porque muchas personas necesitan de un apoyo, de una ayuda, y que nosotros si podemos dar ese apoyo a los demás, hay que darlo".
Hoy, añade, su relación es muy constructiva e incluso, con el orgullo materno, afirma que su hija está muy orgullosa de ella y que incluso la admira, "porque me dice que nosotros como mujeres trabajamos doble".
María del Carmen se siente orgullosa de lo mucho que ha aprendido en la Secretaría de Seguridad Pública, y comenta que sus conocimientos los aplica en su casa. "Si nosotros vemos que funciona en nuestra casa funciona en otros lugares, las mismas recomendaciones que nos dan para nosotros las aplicamos en nuestra casa, para que la misma seguridad se fomente desde nuestra familia. Si les enseñamos a nuestros hijos qué es lo bueno ellos van a aprender eso, y también les debemos enseñar qué son las cosas malas, para que puedan diferenciarlas.
De su trabajo sólo hay una cosa que no le gusta y que le ha costado superar, que las subestimen. "Cuando nos limitan, cuando dicen, ustedes no pueden, tú no puedes agarrar un arma porque eres mujer, tú no". Sí, reconoce, somos diferentes, ellos son más fuertes, pero intelectualmente somos los mismos.
"Nuestra meta es mostrarnos a nosotras mismas que somos capaces de manejar un arma, que somos capaces de ayudar a los demás, que podemos hacerlo, que no tenemos limitantes en ningún aspecto, algo que comúnmente comentamos, la equidad de los géneros. Nosotros no nos podemos comparar jamás con un hombre, porque por algo son diferentes a nosotros, si hubiéramos sido iguales, pues no habría diferencias, las diferencias son las que nos hacen unirnos o buscar a las otras personas".
El sacrificio
Para otras policías que aún empiezan, es complicado, y todo un sacrificio para continuar en sus carreras. Por ejemplo para Carla María Vázquez, originaria de Tantoyuca, egresada de la primera generación del Nuevo Modelo Policial y que apenas hace nueve meses se integró a la actividad operativa.
Antes de entrar a la Academia trabajaba en un consultorio médico como auxiliar de enfermería, pero como a casi todo policía, la vocación se hizo presente. "Siempre los admiré mucho, siempre veía que el Ejército, que la Marina, que la Policía, y pues siempre me llamó la atención".
"Al principio, cuando fue mi primera experiencia, me aterré un poquito. Cuando llevamos la torreta prendida, me emociono, me gusta. Aunque lleve nervios y todo, pero me gusta. Igual cuando vamos a operativos de alcoholímetro me gusta revisar a la gente, que se sienta la presencia de la seguridad, y sobre todo de las mujeres. Porque en la calle veo que mucha gente nos observa, nos ve el arma, no sé qué pensarán, me gustaría preguntarles, pero nosotros hacemos nuestra labor, que estamos cuidando".
Carla viene desde Tantoyuca, "y al principio pues sí, fue muy difícil, estar lejos mi tierra, pero mis padres, al principio no estaban muy seguros de mi carrera, pero ahora me apoyan mucho, sobre todo mi mamá, ella es la que me cuida a mis bebés".
Y es que Carla tiene tres niños de dos, tres y cinco años; cada 24 días viaja al norte de la entidad a visitarlos, sólo seis días. "Ha sido un poco difícil porque yo no me había separado de ellos, porque están pequeños, me necesitan mucho, pero me siento satisfecha, porque ahorita no les falta nada, puedo estar más tranquila por ese lado".
Su plan es pedir un cambio, quiere estar con sus hijos más tiempo, pero no quiere abandonar la corporación. Finalmente, nos comenta que su pequeña de cinco años está muy orgullosa, "porque dice que soy muy valiente, me ha visto en los folletos, de que salimos de la Academia, y como ya empieza a leer y a deletrear, pues le completo y le digo que ahí dice buscando héroes, y me siente así, como su héroe, y estoy muy contenta".
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