En los cafés políticos de Xalapa, dos temas dominaron la conversación: la nueva orden de aprehensión contra Javier Duarte y el crecimiento político de Rocío Nahle.
Sobre Duarte, sus defensores hablan de una maniobra para retenerlo preso; sus críticos, de un acto mínimo de justicia tras el saqueo que dejó al Estado. Nueve años, dicen, no compensan el desastre financiero heredado.
Pero el foco real estuvo en Nahle. Su estilo de gobierno se percibe ya asentado, con recuperación de confianza ciudadana y una habilidad clara para convertir ataques y denostaciones personales en capital político para su gobierno.
|