Pero el tropiezo no fue solo legal. También fracasaron en la estrategia. Apostaron por comunicados de prensa, pagaron columnas y desplegados y se manifestaron públicamente lo que a Martín Aguilar y la Junta de Gobierno aguantaron de pie las tibias embestidas. Hubo sí, mucho ruido, pero pocas nueces.
En política, cuando se enfrenta una decisión tomada y bien blindada, no basta con indignarse: hay que saber negociar y mover piezas. Aquí no hubo ni colmillo ni oficio. Quizá que como antes, los protagonistas opositores no contaron con el dedo de un gobernador que los guiara, financiara y les abriera el camino para tumbar al rector.
Hoy, Martín no solo quedó como Rector legalizado y fortalecido, mientras sus opositores quedarán marcados y retratados como improvisados, desarticulados y pésimamente asesorados.
La lección es clara: no bastan los títulos ni los cargos otorgados por amistades de alto rango. En la política real hay que saber jugar el tablero jurídico y político al mismo tiempo.
Al final, la mayoría quedó fuera del hueso carnudo. Solo la exrectora Sara Ladrón de Guevara alcanzó por ahí un huesito, mientras que la gobernadora Rocío Nahle, fiel al librito de la neutralidad y al respeto por la autonomía universitaria, se mantuvo al margen, dejó correr el proceso legal y terminó ganando respeto político.
Quedó demostrado que la UV sigue siendo negocio y un hueso carnudo que aún despierta ambiciones económicas y políticas. |