La relevancia del problema en la CDMX es mayúscula, pues queda en evidencia la capacidad de las moscas portadoras para adaptarse a entornos urbanos.
La CDMX y el Estado de México, con presencia de miles de perros y gatos callejeros, pueden ser el foco perfecto para que el gusano barrenador se establezca no solo en vacas, caballos, cabras o cerdos, sino también en las mascotas.
Las miríadas de animales callejeros que deambulan por la Ciudad, con heridas abiertas producto de constantes peleas, sin atención ni cuidados de sus dueños, son jugosas pistas de aterrizaje para las moscas del Gusano Barrenador. Y de las mascotas, al paso a las personas, no hay más que un brinco.
Las medidas adoptadas han sido insuficientes. No se trata de una lucha meramente local. La falta de inspectores o la corrupción que envuelve a los pocos que hay, no abonan en la solución del problema.
La salida de Julio Berdegué Sacristán de la SADER fue solo un paracetamol. No se ha arrancado de raíz, la hidra que continúa incrustada en la Senasica.
Se necesitan alrededor de 25 millones de dólares para rehabilitar la fábrica de moscas estériles que alguna vez operó en Chiapas, pero mientras se sigue esperando que el dinero llueva de los EEUU, la mosca avanza y se adapta.
Este problema de sanidad, que se había erradicado desde hace casi 35 años, está evidenciando la debilidad de la SADER y la Senasica para reaccionar adecuadamente. Inyectar dinero a lo salvaje, podría ser solo echar dinero en una bolsa sin fondo. Se necesitan soluciones técnicas adecuadas, mismas que la Senasica no ha sabido otorgar.
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(COLUMNA "POLÍTICA AL DÍA") |