El T-MEC no desaparece automáticamente ni deja de existir de inmediato, aunque Estados Unidos decida no respaldar una nueva ampliación de su vigencia. Y no se trata de una concesión política de Washington, sino del propio diseño jurídico del tratado firmado en 2018 y puesto en marcha en 2020.
El artículo 34.7 establece que, si alguno de los países decide no extender automáticamente su vigencia por otros 16 años, el acuerdo continúa operando durante los siguientes diez años, es decir, hasta 2036, mientras se activa el mecanismo de revisión y negociación previsto por el propio tratado.
Ahí es donde aparece el verdadero cambio de escenario.
Durante ese periodo, México, Estados Unidos y Canadá deberán revisar y discutir el funcionamiento del acuerdo de manera periódica y obligatoria, abriendo espacios permanentes de negociación y posibles ajustes.
En otras palabras, no fue Trump quien puso el freno de mano ni quien inventó las revisiones periódicas. Ese mecanismo estaba escrito desde el nacimiento mismo del T-MEC.
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